Es cruel enseñar un Cristo que viene pronto, en lugar de enseñar al Cristo que ya vino. ¿Por qué? Porque una de las formas más efectivas de debilitar la fe, es a través de enseñar expectativas erróneas en una persona.
Jesucristo hizo su parte, nos toca terminar de hacer lo que nos corresponde.
Pablo y otros autores de los libros del nuevo testamento coincidieron al decir que “Cristo viene pronto”. Todos murieron y no llego pronto como dijeron, y digo esto porque la gran mayoría de «La Iglesia» de hoy aún está sumergida en ese «viene pronto». Las preguntas obligatorias que debemos hacernos son: ¿Entendieron mal la inspiración del Espíritu de la Palabra? ¿El Espíritu de la palabra les mintió, dándoles falsas expectativas? ¿Vieron a Cristo venir pronto, la profecía se cumplió, y no nos dimos cuenta?¿Ellos dijeron pronto, pero estaban entendidos que ese pronto representaba milenios? ¿Escribieron pronto, pero no querían decir pronto? ¿Pronto para ellos significa dentro de muchísimo tiempo?
Seamos honestos, la ingenuidad se paga caro y los enemigos del Reino se aprovechan cuando nos negamos a cuestionar lo que sabemos, cuando no nos ocupamos por conocer verazmente las escrituras, cuando no escudriñamos, cuando lo hacemos superponiendo filtros doctrinales, cuando confiamos en la palabra del hombre y lo que éste enseña antes de lo que Dios nos dice directamente, entonces, ¿que podemos esperar?.
Enseñar un “Cristo que viene pronto” en lugar de proclamar al Cristo que ya transformó la historia no es solo un error teológico: es una manipulación que desgasta la fe. ¿Por qué? Porque sembrar expectativas rotas es el método más letal para debilitar esa fe.
Los primeros discípulos anunciaron con urgencia: ”¡Cristo viene pronto!”. Dos mil años después, sus tumbas callan… y nosotros seguimos repitiendo el mismo slogan. Las preguntas que nadie quiere hacer retumban:
– ¿Falló el Espíritu Santo al inspirar una promesa incumplida?
– ¿Mintieron Pablo y los apóstoles, o acaso vieron un cumplimiento que nosotros ciegamente ignoramos?
– ¿Traicionamos el texto al interpretar “pronto” como tiempo indefinido y no como un tiempo corto?
Aquí yace la crisis:
Cuando preferimos dogmas cómodos a la búsqueda audaz de la verdad…
Cuando escudriñamos las Escrituras con anteojos denominacionales en vez de ojos hambrientos…
Cuando repetimos consignas heredadas sin atrevernos a gritar: ¡Esto no cuadra!”…
¿Qué otra cosa esperamos sino una fe marchita, una iglesia dormida, un evangelio despojado de poder?
El Cristo resucitado no cabe en calendarios indefinidos. Su venida no es un boletín apocalíptico, es el grito presente de su reinado. Abramos los ojos: la verdad no teme al cuestionamiento, ¡la mentira sí!.
Es hora de elegir: ¿seguiremos vendiendo ilusiones rotas… o encarnaremos la revolución que ya llegó?
Amados, cuando los autores del nuevo pacto dijeron pronto, quisieron decir exactamente eso. Es decir, en el poco tiempo después de escribir sus cartas y libros, ellos tenían la certeza que Cristo vendría. ¡Y Cristo cumplió!, la palabra que estos hombres escribieron por inspiración del Espíritu fue honrada.
Lo que hoy llamamos “La iglesia”, mayoritariamente está metida en un gran problema de expectativas rotas. Desde hace siglos, hombres y mujeres esperan a ese Cristo que viene pronto, inclusive, hasta el día de hoy la esperanza de la pronta venida de Cristo está arraigada en la fe de la mayoría de los seguidores de Cristo.
Yo les preguntaría a todos mis hermanos que tienen la certeza de su venida pronto lo siguiente:
Si Cristo viene pronto, ¿qué va a pasar con los siguientes versículos?:
– 1 Corintios 15:25: “Porque es necesario que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies”.
– Mateo 24:14: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin”.
– Romanos 11:25-26: “Todo Israel será salvo… hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles”.
El primer versículo conflictivo de 1 Corintios 15:25 trae varias implicaciones: ¿Cristo está reinando o no?, ¿Viene pronto para reinar?, ¿Es a partir de su futuro reinado que vencerá a sus enemigos?, ¿Si está Reinando cuántos enemigos faltarán para que estén debajo de sus pies?
Con el segundo versículo de Mateo 24:14 se ataca a los que defienden que las profecías dichas por Cristo en el monte de los olivos se cumplieron. Los detractores dicen que el Evangelio no ha llegado a todo el mundo aún. Si partimos del mismo argumento, entonces, ¿cómo va a venir pronto Cristo si hay tantos seres humanos a los que al día de hoy no les ha llegado el evangelio?.
Y que decir del tercer versículo de Romanos 11:25-26. Aún falta mucho para que todo Israel sea salvo, porque el requisito paralelo de la plenitud de los gentiles en Cristo, aún se encuentra en plena ejecución.
Muchos dicen que algo bueno viene, pero yo te digo que lo bueno ya vino.
Eso bueno que viene es Cristo en su pronta venida, esa es la esperanza, la expectativa que le da aliento a la gran mayoría de “La Iglesia” de hoy.
Amados, Cristo ya vino, vino como hombre nacido de mujer para reconciliar todas las cosas en Él. Vino para convertirse en la habitación donde Dios y el hombre tienen comunión.
Lo bueno ya vino, el Reino inconmovible ya está entre nosotros. Cristo también vino como juez y ejecutor del fin del viejo pacto, del fin para la Jerusalén apóstata del primer siglo, del fin para los poderes judíos que perseguían a su iglesia.
Lo bueno ya vino, nos dio su Espíritu para revelarnos toda verdad.
Lo bueno ya vino, Cristo cumplió su palabra, la cabeza de la serpiente fue pisada, los principados y potestades exhibidos como perdedores públicamente ante La Cruz del calvario.
Es el tiempo de que la iglesia entendida en los tiempos, le de continuidad a lo bueno que ya vino, asumiendo su responsabilidad y cumpliendo su parte en el nuevo pacto en la sangre de Cristo.
Somos nosotros los miembros del hombre nuevo, del cuerpo cuya cabeza es el Cristo, del segundo Adán que ya vino, y que opera y reina a través de su iglesia, su esposa.
Amados, el día de la plenitud de todas las cosas llegará, llegará como consecuencia de la operación de un bosque inmenso de árboles de justicia cuyas hojas sanan a las naciones de la tierra.
Ruego a Papá que tú entendimiento sea abierto para que asumas la responsabilidad de haber nacido en este tiempo, extendiendo juntos el Reino de Dios sobre la tierra. Amén.