Jer 2:11: “¿Acaso alguna nación ha cambiado sus dioses, aunque ellos no son dioses?, sin embargo, mi pueblo ha trocado su gloria por lo que no aprovecha.”
Maldad sobre maldad, no me deja de sorprender hasta donde somos capaces de llegar en nuestra obstinación de hacer de Dios aquello que podemos usar o no, olvidar o menospreciar.
Este versículo de Jeremías es impresionante, ¿cómo pueden mantenerse dioses que no son, y el Dios verdadero es quitado?.
A lo largo de la historia el hombre en su insensatez , ha fabricado sus propios dioses, aquellos que son convenientes a sus planes, planes contrarios al propósito divino.
¿Cómo es posible que a estás alturas del siglo XXI, aún estemos hablando si hay rapto o no?, ¿cómo la gran parte de nuestros hermanos judíos no admiten que su Mesías llegó?, ¿cómo pudiendo oír la verdad no somos capaces de liberarnos de nuestras estructuras y creencias?, ¿será que somos sordos a la palabra de verdad?
Cada corazón de esta tierra tiene la libertad de alinearse a la justicia de Dios, pero no lo hacemos, ejercemos esa libertar para hacernos esclavos de nosotros mismos al negar la verdad de Dios con nuestros hechos.
La sordera selectiva es una forma de describir el hábito de hacer oídos sordos cuando algo no interesa o no conviene.
El reino de los cielos en la tierra fue establecido desde que Cristo venció en la cruz, los “cristianos evangélicos” continúan discutiendo si sufrirán o no la gran tribulación, los judíos por su parte buscando construir el tercer templo, los islámicos sostienen que todo niño que nace sobre la tierra es musulmán hasta que empieza a ser desviado en su crianza, y muchos de los que leen estas palabras se ofenden cuando se les dice que es una estupidez orar, adorar o venerar una imagen hecha por el hombre, porque más grande es el hombre que hace esas imágenes, así como más grande es el Dios que hizo al hombre.
Si tan solo pudiéramos poner más empeño en buscar a Dios sin intermediarios, sin el ruido del mundo que nos hace tener sordera selectiva. Si pudiéramos dejar a un lado nuestras creencias que terminan siendo tropiezo, entonces habría silencio para buscar y encontrar la voz de Dios en nuestra mente y corazón como lo dice su palabra.
Así como Jerusalén fue destruida por no escuchar la voz del profeta Jeremías, así también los hombres caemos una y otra vez por no escuchar la voz de Dios. Así como la Babilonia que destruyó la ciudad santa y llevo cautivos a sus habitantes, así también la Babilonia de nuestras estructuras engañosas nos mantienen cautivos de nuestras propias doctrinas a las que llamamos sanas.
Que ironía, si el pueblo que conoció de memoria la palabra de Dios fue incapaz de aceptar a su Mesías, entonces que esperar de nosotros cuando nos cuesta tanto abordar las escrituras.
Cada persona debe hacer STOP en su vida y hacerlo tantas veces como sea necesario, para evaluar si lo que creemos y decimos es lo correcto, nada es tan difícil como ver y reconocer la verdad y sobre todo cuando esa verdad está ante nuestros ojos.
Si quieres un buen consejo, quita todas tus creencias, todo lo que crees entender y ve hacia las escrituras con el pizarrón en blanco para que tú mismo escribas lo que el Espíritu te muestre por su misericordia.
Jn 5:19: «Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.»
Dios plantó un huerto en Edén; Adán y su descendencia debieron labrar y extender ese huerto. Su hijo, el Cristo, plantó el reino de Dios en la tierra, nosotros, los nacidos de nuevos, debemos juntos al Espíritu extender su reino hasta llenar la tierra.
Cuando se nos pida cuentas, no tendremos excusa, no podremos decir que sufríamos de sordera selectiva.