En las congregaciones de hoy día tendemos a estigmatizar a las personas que por una razón u otra se van de los templos, las señalamos, se vuelven por un momento vasijas que recogen comentarios que muchas veces son hirientes y en el mejor de los casos lanzamos frases como: “no eran de nosotros”, “no saben el error que cometen”, etc. Al final estamos hablando mal (maldiciendo), bajo una inspiración que nos debe avergonzar.
Siempre vi la parábola del hijo prodigo asociada a los hombres que rechazaron a su Dios para luego recapacitar y volverse a Él. Hoy no solo lo sigo viendo así, sino que también veo las carencias de aquellos que queremos formar el cuerpo de Cristo.
La escritura dice en 1Co 12:22: “Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios”.
Tengo que preguntar, ¿Qué hacemos con los miembros débiles de nuestras congregaciones?, te lo digo yo, para que no lo tengas que confesar tú; poco o nada nos ocupamos de ellos, es más, muchas veces los tratamos como menos que nosotros, usando una falsa máscara de piedad.
Los miembros débiles son los mas necesarios, son ellos las oportunidades para desarrollar nuestra fe, la compasión, la piedad, la edificación del prójimo y el amor por él. Si todos fuésemos fuertes, entonces no habría espacio para desarrollar el amor de Dios en nuestras vidas.
En 1Co 12:23 la escritura dice: “y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro”.
Cuando leo estas líneas solo puedo decir que no tengo un verdadero entendimiento de lo que es el cuerpo de Cristo y me da mucha pena con mi Señor. No tenemos la más mínima idea de quién es más o menos digno, esto es solo en apariencia, ya que digno es solo Dios. Hablar de decoro según la vista del hombre es entrar en un terreno subjetivo, lleno de pareceres que nos llevan al error.
El versículo 24 que le sigue al que leímos profesa lo siguiente: “Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba,”.
¿En verdad podemos decir que tenemos en alta estima a nuestros hermanos en la fe, esos que se sientan a tu lado en la congregación, cuando nunca hemos orado verdaderamente por ellos?, ¿los hemos tratado con honor y decoro?. Más bien es todo lo contrario, estamos enfocados en nuestras necesidades, orando por lo nuestro, buscando mantener una imagen de creyente genuino que se desinfla al momento de adorar y ministrar en las congregaciónes.
Cierro con el versículo 25: “para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.”
La desavenencia es lo que abunda, los malos entendidos, las críticas y murmuraciones de lenguas que no saben controlarse son las que proliferan. La impiedad muchas veces se refleja en la falta de seguimiento a las necesidades de nuestros hermanos en Cristo.
Un cuerpo enfermo no puede manifestar poder, mucho menos la gloria de Dios.
La parábola habla también del hijo que se quedó en casa con el Padre, un hijo lleno de resentimientos, que no sabe aprovechar las ventajas de estar bajo el tutelaje de su Padre. Estamos en el cuerpo pero no nos duele el cuerpo, es decir, operamos como prótesis de un cuerpo que parece sano pero que en realidad está quebrantado por la falta del amor de Dios en nuestros corazones.
Lo peor de todo es como nos confronta nuestro Padre Dios en Lc 15:31: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas”. Estas palabras hacen que no quiera verme en un espejo, porque me avergonzaría de lo que pueda ver.
Dios me dice Hijo, luego dice que siempre esta conmigo y para hacerme ver mi precaria condición me dice que todas sus cosas son mías. Dicho de otra forma, Dios nos hace reflexionar sobre nuestra condición de hijo, luego donde estoy ubicado y por último descubre lo que estoy haciendo con lo que tengo.
Hay personas que salen de una congregación sencillamente porque su tiempo allí terminó, esto originado por múltiples causas como mudanza, trabajo, matrimonio, etc., y también hay hermanos que salieron como el hijo pródigo, pero a causa de nuestra falta de piedad y cobertura, los hicimos volver a buscar en el mundo las respuestas que no encontraron en la Iglesia. ¿Hasta qué punto soy responsable como miembro del Cuerpo de Cristo de alguien que regresa al mundo por mi indolencia?.
La manifestación gloriosa de los hijos de Dios pasa por exhibir un cuerpo sano y bien cohesionado. Donde todos nos cubramos mutuamente, buscando siempre que nuestro padre sea glorificado.
Discernamos el Cuerpo de Cristo, falta mucho trabajo, sanidad y restauración como Iglesia, está en nuestras manos y bajo la supervisión amorosa del Espíritu Santo poder edificar eficientemente el Cuerpo de Cristo.
Dios les bendiga siempre…