Desde el año 1833 en la conferencia de Powerscourt, John Nelson Darby expuso la doctrina de ¡ahí viene el lobo!, que desde entonces nos ha mantenido en Pseudociesis.
La Pseudociesis es un trastorno psicológico causado por un falso positivo.
“Pese a que no existe un embarazo verdadero, las pruebas de embarazo pueden salir positivas. La duración de un embarazo psicológico es variable, pudiendo llegar incluso a durar los 9 meses de una gestación. Además, algunas mujeres presentan dolores intensos similares a los que ocurre cuando se ponen de parto”.
https://www.reproduccionasistida.org/embarazo-psicologico-pseudociesis/
Traigo este diagnóstico ante ustedes porque temo que la iglesia de nuestros días sufre en gran parte de Pseudociesis tribulacional.
David Martín del Campo fue el autor del cuento ¡Ahí viene el lobo!. Cada vez que oigo la frase “principio de dolores”, viene a mi memoria ese cuento que exhorta a los niños a ser siempre sinceros.
Mis cortos años de ministerio han servido para darme cuenta que casi la totalidad de nosotros los creyentes, repetimos lo que oímos, acreditando las palabras como verdades bíblicas. Debemos escudriñar las escrituras delante del Espíritu, sin sesgo religioso.
El religioso es aquel que cuestiona lo nuevo que escucha sin escudriñarlo porque lo pesa según lo que cree saber, y también es aquel que cuando escuchó lo viejo que alguna vez nuevo, no lo cuestionó porque era advenedizo.
Siempre hubo y habrá terremotos, pestes, hambrunas, guerras y rumores de éstas. Todos estos han sido los ¡ahí viene el lobo! de dos siglos atrás hasta nuestros días. Pareciera como si nuestro Señor quisiera ver hasta donde somos capaces de llegar sin Él y su profecía cumplida.
Décadas pasan y ahí viene el lobo, ¿cuántos dejaron de trabajar, cuántos vendieron sus bienes, cuántos dejaron de estudiar, cuántos dejaron de tener hijos, cuántos se mordieron la lengua cada vez que no pasaba nada y cuántos no la pudieron contar porque hasta su vida perdieron por esa Pseudociesis tribulacional?.
Seguramente muchos saldrán con Mt 24:4, Mt 25:13 y 2P 2:1, hasta yo lo haría conmigo mismo.
También se que muchos del pueblo de Dios han sentido la impaciencia de revolver aquello cosas inconclusas que a veces es mejor dejar quietas para no causar “división en el cuerpo de Cristo”, o para no ser visto como un «hereje» que se opone al status-quo que le rodea. ¡Despierta y sal de esa posición cómoda!, recordemos que Jesucristo fué visto en su tiempo como un hereje, blasfemo y apóstata.
El asunto no es revolver temas escatológicos a fin de causar incomodidades. La razón de este escrito es EL PACTO, un pacto de sangre santa, con las arras del Espíritu como garantía, ¿y garantía de qué?, la garantía del matrimonio consumado de Cristo con su Iglesia, ser uno con Él es operación de reino.
Sin tan siquiera nos preocupáramos por ser esa esposa entendida de Cristo, entonces disfrutaríamos a plenitud de toda la riqueza que el esposo provee.
Una iglesia que está pendiente del lobo no gobierna, es más, se paraliza y hasta se repliega, una iglesia que está pendiente si pasa o no por una “tribulacion” no manifiesta la imagen que la creación aguarda, una iglesia que está aburrida de falsas contracciones, porque lo que quiere es abandonar su propósito de ser señores de la tierra para escaparse y ser salvada por “su Novio”, es una iglesia que no vio la salvación de la cruz como suficiente, y necesita ser nuevamente salvada de unos siete años terribles que John Darby colocó al final de un paréntesis de dispensación de gracia que tanto nos ha desenfocado.
No me permito creer que el mundo corrupto avanza y la iglesia retrocede, no me permito creer que una copia barata de un engañoso “nuevo orden mundial”, sea más influyente y poderoso que el único y genuino nuevo orden mundial que estableció Cristo cuando dividió la era del hombre en un antes y después.
Si creo que el sistema del mundo está haciendo implosión, creo que el mundo se hace más estéril y carente de vida con sus torcidas ideologías, las proyecciones de la población en los países dominantes para los próximos años está en firme declive, creo que los hijos de Dios heredaremos las riquezas de los impíos por haber arrebatado el linaje real que nos ofreció Cristo en el nuevo nacimiento.
Creo en una iglesia que junto al Espíritu Santo, pondrán todos los enemigos de Dios postrados a sus pies. Creo en una esposa que RECIBE a su esposo cuando se cumpla el tiempo de los gentiles, y no porque estén separados, sino porque es la señal profética de la restauración a plenitud de la Nueva Jerusalén, del nuevo cielo y la nueva tierra, que comenzaron su camino de restitución desde el momento que el Cristo vino en las nubes a presentarse delante del anciano de días para recibir todo dominio y potestad.