Oísteis que fue dicho…

Cuando prestamos más atención, más detalles hermosos del Señor tendremos

Jesucristo no vino a abrogar la ley, vino a completarla y esto no quiere decir que la ley estuviera incompleta o sin forma.

Para entender esto podemos hacer uso de una comparación. Lo que hizo Jesucristo con la ley es semejante a una casa recién construida pero que aún no ha sido habitada por nadie, aunque está lista no ha cumplido su propósito.

La ley llegó al pueblo por la transgresión de ellos (fue añadida) pero este no era su propósito. La ley se utilizó para señalar el pecado y no para “prevenir” que ocurriera.

Está consideración es de suma importancia para entender cómo Cristo empleó la ley a favor del amor por el prójimo. Para Cristo, esa ley observada por el pueblo de Israel era un instrumento preventivo contra el pecado. Esto lo podemos ver en los seis “oísteis que fue dicho” de los cuales hablaremos a continuación y que hallarás a partir de Mateo 5:21.

Hizo énfasis expresamente en seis puntos de la ley y así mostrarnos que hemos aplicado la ley desde nuestra condición como hombres y no desde la perspectiva de hijo.

Estos puntos señalados por el maestro fueron: el matar lo llevo al enojo, el adulterio lo llevo a la codicia, el repudio lo llevó a la fornicación, el perjurio lo llevó al si y no, el ojo por ojo lo llevo al dar y el Aborrecer lo llevo al amar.

Si ponemos atención, vamos a poder apreciar que Cristo quiere revelar la ley añadida como “causas” y no como “consecuencias”. En otras palabras, Él nos enseña a mirar lo que hay detrás del hecho. Para Cristo son lecciones de amor y sabiamente nos enseña la causa raíz de cada uno de estos seis puntos. No es el hecho en si, es llegar a ver lo que nos hace fallar.

Vamos a plantearlo así: el pecado tiene dos etapas, una pasiva y otra activa. Cristo enseña que debemos enfocarnos en la primera etapa. Es como el crimen, tiene un autor intelectual y un actor material.

Un ejemplo claro de lo que quiero decir sería el segundo oísteis, referido al matar con el enojo. Una persona que no está enojada no llegará a matar a otra; atendiendo la causa no se le da paso a la consecuencia.

Otro ejemplo donde podemos ilustrar esto sería la pedofilia; la ley señala el tener relaciones sexuales con un mejor de temprana edad, pero no la desviación o trastorno que tiene la persona que comete esta grave falta.

Aquel que tiene en su corazón la intención de cometer esta perversidad debe pedir ayuda antes que sea demasiado tarde y los prójimos de esta persona en amor deben actuar también en consecuencia.

Tengamos presente lo siguiente, la ley es parte de la gracia, porque la gracia fue primero, la ley vino por gracia, porque todo lo que viene de Dios es por gracia y esto incluye sus juicios. La gracia es la manifestación del amor de Dios por su creación. La ley fue dada como añadidura, y todo lo que se nos da es por gracia.

Finalmente, toda la ley se cumple en el amor por el prójimo como señal inequívoca del amor preeminente que se desarrolla por Dios.

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