Margarina o Mantequilla

Las dos parecen cumplir el mismo propósito, pero una enferma y mata, la otra alimenta.

     En una aldea lejana, los habitantes conocían bien la diferencia entre la margarina y la mantequilla. La margarina, con su apariencia dorada y su textura suave, era preferida por muchos debido a su bajo costo, su buena apariencia y su abundante producción. Sin embargo, aunque parecía atractiva y fácil de conseguir, la margarina no alimentaba adecuadamente y, con el tiempo, sus compuestos dañinos enfermaban a quienes la consumían.

Por otro lado, la mantequilla, aunque menos abundante en los supermercados y más costosa, era beneficiosa para el organismo. Aunque algunos la consideraban menos sabrosa, aquellos que la consumían regularmente disfrutaban de una mejor salud y bienestar.

La margarina fue diseñada para ser preferida por su bajo costo. En un mundo donde el dinero y la economía son prioridades, la margarina se presenta como una solución económica. De la misma manera, el evangelio de los hombres, que promete prosperidad, éxito con poco sacrificio y abandonar un mundo vencido para irnos al cielo, es atractivo para muchos. Jesús nos advierte sobre esto en Mateo 7:13-14: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

La buena apariencia de la margarina también juega un papel crucial. En un mundo donde la apariencia lo es todo, la margarina brilla con un atractivo dorado. Sin embargo, Jesús nos enseña en Juan 7:24: “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.” El evangelio de los hombres puede parecer atractivo y fácil de seguir, pero no ofrece la verdadera nutrición espiritual que necesitamos. El evangelio del Reino alimenta Reyes y Sacerdotes dispuestos a señorear y sojuzgar la tierra, mientras que el evangelio de los hombres alimenta falsas expectativas y despropósitos.

La margarina es abundante y fácil de encontrar. En cada supermercado, en cada tienda, siempre hay margarina disponible. Esto nos recuerda el evangelio de los hombres, que es difundido ampliamente y aceptado por muchos. Sin embargo, Jesús nos dice en Mateo 24:11-12: “Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.” La abundancia no siempre es sinónimo de verdad. Éste versículo, así  como Gálatas 1:6, 1:8 y 1:9, se usan mucho para argumentar contra a aquellos que enseñamos un “evangelio diferente”, pero olvidan que la palabra de Dios apunta siempre para los dos lados, debiendo confrontar tanto al que la enseña como al que la recibe, ¿Cuál es el evangelio diferente?. Si lo vez desde tu religiosidad y desde tu orgullo, el evangelio diferente siempre será el distinto al que ya manejas, ¿y cómo sabes que el que manejas es el verdadero y no el diferente?.

Hace décadas, se hizo un lobby para convencer a la gente de que las grasas animales eran perjudiciales y que la margarina era la respuesta saludable. De manera similar, el evangelio de los hombres ha sido promovido como una solución atractiva a nuestros problemas espirituales. Pero Jesús nos advierte en Mateo 7:16: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?”. Los dones son poderosas herramientas en las manos de los hombres, pero su uso no implica necesariamente tener la verdad. El verdadero fruto es ver una vida transformada, y operando para hacer de éste mundo, un mejor lugar hasta llegar al Edén.

La mantequilla, aunque menos abundante y más costosa, es beneficiosa para el organismo. De la misma manera, el evangelio del Reino requiere más sacrificio y entrega. Jesús nos llama a tomar nuestra cruz y seguirlo (Mateo 16:24). Este camino no es fácil, pero es el único que lleva a la vida eterna. La cruz es propósito, Cristo asumió y cumplió su propósito. Hoy se nos demanda asumir y cumplir nuestro propósito cargando nuestra cruz cada día. El propósito no es guardar la salvación y esperar que El Salvador venga a rescatarnos nuevamente, el propósito es hacer justicia, que cumplamos toda justicia como Jesucristo lo hizo.

El evangelio del Reino nos dirige a hacernos cargo del mundo para Cristo, en lugar de abandonarlo a la maldad de los hombres. En Mateo 28:19-20, Jesús nos da la Gran Comisión: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

El evangelio del Reino no es un camino fácil. Requiere sacrificio, entrega y una disposición a seguir a Cristo en todas las áreas de nuestra vida. En Lucas 9:23-24, Jesús dice: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará”.

Este sacrificio implica renunciar a nuestros propios deseos y ambiciones para seguir la voluntad de Dios. El evangelio de los hombres enseña que puedes poner a Dios a operar a favor de tus deseos y ambiciones siempre y cuando le ames. En Romanos 12:1-2, Pablo nos exhorta: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. No sé trata de tus deseos y ambiciones, se trata de los deseos y ambiciones del Rey del Reino, y todos los súbditos viven para hacerlos realidad, cambiando su manera de pensar a la manera de Cristo.

El evangelio del Reino nos llama a ser agentes de cambio renovador en el mundo. No se trata solo de nuestra salvación personal, sino de llevar el Reino de Dios a todas las áreas de la sociedad. En Mateo 5:13-16, Jesús nos dice: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

Los cristianos que siguen el despropósito de un arrebatamiento descontextualizado, son como sal que no sala y como luz que no alumbra, tengamos mucho cuidado de seguir ese evangelio.

Así como la margarina parece atractiva pero es dañina, el evangelio de los hombres puede parecer fácil y atractivo, pero no ofrece la verdadera nutrición espiritual. La mantequilla, aunque menos abundante y más costosa, es beneficiosa para el cuerpo. De la misma manera, el evangelio del Reino, aunque requiere sacrificio y entrega, es el único camino que lleva a la vida eterna y a la verdadera transformación del mundo para Cristo.

Recordemos las palabras de Jesús en Juan 10:10: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Sigamos el evangelio del Reino, aunque sea el camino menos transitado, porque es el único que nos asegura la plenitud en Cristo.

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