Al escuchar o al leer esta frase por primera vez «las vacas no dan leche» se produce en nuestra mente cierto conflicto porque pensamos:
¡Por supuesto que las vacas dan leche!…
La tecnología produce el efecto de esa frase, existe un lado oscuro en lo tecnológico y que nos ha afectado con mucha fuerza; haciéndonos dependientes, disociandonos de la verdad a través de una realidad engañosa.
La iglesia (los llamados a gobernar) de Cristo no escapa de este veneno tecnológico que manipula nuestra forma de pensar. Esto sucede a nivel de la congregación y también en el liderazgo de la misma.
Paradójicamente si algo tenían los antiguos como ventaja, era la carencia tecnológica; ellos tenían más conciencia de las palabras trabajo y sacrificio.
Ellos sabían de primera mano que en realidad las vacas no dan leche. Y lo sabían porque que tenían que ir hasta ellas y sacarla en una faena que empezaba muy de mañana.
Al contrario de los antiguos, hoy llegamos -por decirlo de alguna manera- a un evangelio «tecnológico» sin Reino, donde Cristo ya lo hizo todo, donde solo con hacer una oración de arrepentimiento aceptando a Jesucristo como Señor basta para ser salvos. Y por si fuera poco tenemos también una corona y morada eterna en los cielos…
¡De verdad que suena todo muy bonito!
Ahora. Lo «tecnológico» anteriormente dicho, sería igual a la frase: “las vacas dan leche”.
El engaño de la religión ha sido el vendernos el evangelio de la religión, una doctrina que busca escapar de la responsabilidad, de la asignación que Dios dispuso para el hombre; que este reine como imagen suya sobre la tierra. Desde Adán hasta el presente solo un hombre lo logró de forma perfecta, JESUCRISTO
Él como hombre hizo sacrificio de oración apartándose para tener comunión con el Padre. Su ministerio fue la Cruz a la que caminó públicamente durante más de tres años, recibiendo insultos y vejámenes de todo tipo, negándose a tener familia esposa e hijos para cumplir con su asignación, negarse a tener una vida normal como la tuya y la mía, sacrificando todo por nuestra salvación.
Igual de tortuosa fue la vida de sus discípulos luego que Él subiera al Padre. Sacrificio y padecimiento fue lo que los apóstoles del Cordero experimentaron a lo largo de toda su vida ministerial.
Y nosotros qué; dónde quedan las frases: “ El que persevere hasta el final, ese será salvo”, “el que quiera seguir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame”.
La religión está marcada por creyentes incrédulos que abarrotan las Iglesias, a los que se les vendió una salvación sin sacrificio, como la frase: «Las vacas dan leche».
Después de Egipto, la libertad y la salvación que el Señor le dio al pueblo de Israel tenía una componente que debían asumir los que antes vivían como esclavos, y fue aprender que esa salvación y libertad dadas por Dios se mantienen con responsabilidad y sacrificio.
Esto no fue aceptado por muchos y terminaron sus días en el desierto. Y muchos en este postrer tiempo también quedarán bajo las arenas del desierto de la religiosidad.
Lamentablemente así mismo sucederá a todo aquel que no brinda su sacrificio como ofrenda agradable ante Cristo, el que no se esfuerza para agradar a aquel que le tomó por soldado; olvidando que todos los enemigos de Jesús serán puestos bajo el estrado de sus pies.
Jesucristo nos dio la salvación por gracia; nos toca a nosotros hacer el sacrificio de mantener y cuidar esa salvación tan grande.
Te pregunto ahora:
¿Las vacas dan leche?
Claro que no, levántate, resplandece, muévete en fe para agradar a Dios, pasa por las necesarias brasas de las aflicciones y los sacrificios, para que te perfecciones hasta la estatura de Cristo.
¿Cuál debe ser nuestro testimonio?, ¿el de una vida religiosa?, ¿el de un evangelio? ó ¿el de un evangelio del Reino lleno de señales de poder?.
Para este último, es necesario pagar un precio. Jesucristo pago nuestra salvación, nos corresponde a nosotros extender los dominios y los límites del Reino hasta lo último de la tierra con lucha, resistencia y sacrificio.