Ejerciendo Gobierno en Oración

No descuidemos la poderosa arma de la oración...

Orar es dar reverencia a Jehová desde el corazón en una relación de Padre-Hijo, y con nuestros labios pronunciamos palabras de adoración en admiración de acuerdo a su gloria y santidad, sujetándome a su soberanía para responder a sus peticiones y dar el paso de fe para accionar, pedir, buscar y tocar la puerta  (Víctor Adgdiva).

Es muy importante revisar permanentemente una de las armas más poderosas que el Señor Jesucristo nos ha dejado para nuestra conversación con Él, y mostrarnos las instrucciones para cada persona que invoca su nombre. Considero que la oración es una escuela de aprendizaje y es necesario practicarla en cada uno de sus pasos:

1) Alabanza

2) Adoración -Apoc 8:11-

3) Confesión

4) Orando la palabra -Is 55:10-11-

5) Velando en oración -Col 4:2-

6) Intercesión -1Tim 2:1-

7) Petición -Mt 7:7-8-

8) Acción de gracias -Fil 4:6-

9) Canto

10) Meditación

11) Escuchar -Ec 5:2- y

12) Alabanza -Sal 103: 1-5-

Estos nos ayudan a mejorar nuestra conversación con Dios. La oración es cooperación con el Padre, coordinando sus deseos, voluntad y vida con Él, enfatizando sus propósitos y planes para la vida que realizamos junto a Él.

Tomaré uno de los pasos más interesantes de los 12 antes mencionados, pues éste te conduce en el fortalecimiento de la autoridad.

Durante la Confesión de Pecados suceden tres cosas maravillosas: 1) Jesús perdona nuestros pecados, 2) Jesucristo nos consuela, nos da la seguridad de su gran amor y 3) Jesús nos alienta con sus palabras.

El Señor es el único que puede transformar el perdón en un hermoso acto de sanidad. La confesión es el reconocimiento delante del Dios santo de que le hemos ofendido y que no deseamos encubrir o siquiera justificar. Dios manifiesta su fidelidad y justicia para con aquel que reconoce y confiesa su culpa.

En la confesión la luz del evangelio irrumpe en las tinieblas y en el hermetismo del corazón. El pecado debe ser sacado a la luz, lo no pronunciado se pronunciará y confesará abiertamente, todo lo secreto, lo oculto se descubre ahora. Es una lucha dura hasta que el pecado confesado pase por sus labios. Pero Dios quebranta puertas de bronce y cerrojos de hierro (Sal 107:16). El pecador entrega y abandona todo lo que hay en él de malo; da su corazón a Dios y encuentra el perdón de todo su pecado, el cuál declarado ha perdido todo su poder. El pecador goza de la gracia divina (Dietrich Bonhoffer).

Luego de la confesión debemos dar el paso que nos conduce a ejercer autoridad, este es la petición, así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para reabrir misericordia y la gracia que nos ayuda en el momento que más necesitemos, (Heb 4:16).

No importa cuán grande pueda ser el soberano si en su pecho palpita el corazón de padre, se preocupará por todo lo que tiene que ver con el bienestar y felicidad del más pequeño de sus hijos.

El poder y la majestad de Dios, su sabiduría y santidad, no solo deben inspirar reverencia y humildad en el corazón del creyente, sino también confianza, esta es la que nos habilita para la oración de petición (Fil 4:6).

Es importante entrar en la oración de petición y súplica, sabiendo lo que estamos solicitando. Entre al salón del trono con su petición delineada de acuerdo a su palabra. El creyente ya no es un extranjero o extraño, sino un conciudadano de los santos, perteneciente a la familia de Dios y en consecuencia un heredero (Jn 1:12-13).

El Espíritu de su hijo es el que ahora hace que podamos llamarlo Padre en nuestros corazones (Ga 4:6-7).

Definitivamente cuando pedimos algo en oración no lo hacemos a un Dios impotente, a la fuerza de la naturaleza ó un Dios desconocido, estamos orando al Dios Altísimo que nos brinda su apoyo (Sal 57:2).

Dios es nuestra fortaleza, pero todo lo que pertenece al Padre es nuestro mediante la petición . El Señor extiende sus manos llenas abundantemente y nos dice “Pedid”, y os será dado. Él a puesto su poder infinito a nuestra disposición y a proclamado una y otra vez en su palabra “Pedid y recibiréis “.

Las montañas de las dificultades son removidas cuando cumplimos las condiciones de confianza y obediencia.

Ahora conociendo dos aspectos relevantes de la oración dejaremos en claro nuestra posición (1P 2:9), somos linaje escondido, real sacerdocio, nación santa y pueblo adquirido que pertenece a Dios para proclamar cosas maravillosas de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. La fuerza admirable, la fuerza mediadora de nuestra posición es notable “constructores de puentes “.

De esta enseñanza de 1) Posición, 2) Confesión: nos da legalidad y 3) Petición, podemos solicitar de manera direccionada la autoridad conferida por la palabra manifiesta en Jesucristo. Ejercemos autoridad sobre las tinieblas que caminan sobre la tierra y que adversan el avance del Reino y aún nuestro caminar con el Señor.

Es momento de recapitular, diciendo que contamos con la legalidad que el Padre nos a dado de manera de desarmar los sistemas de este mundo convertido y sostenido por palabras tabulas y filosofías erradas. “Gobernar con Jesús es nuestra victoria “.

 

Agradecimiento especial a la Apóstol Marlene Solé 

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