Fariseos modernos

Cuando la imagen es borrosa, confundimos fácilmente lo pasado con lo nuevo, cuando deben ser cosas distintas...

Que las santas escrituras estén más vigentes que nunca, no significa que buena parte de ellas hallan sido escritas para cumplirse en nosotros. La gran mayoría de ellas, son hoy en día para dar testimonio de un Dios en control total de su perfecto plan.

Jesucristo fue muy directo cuando le habló a los fariseos de su época.

Ese grupo de hombres eran los que representaban la clase dominante en lo político y religioso. Para el pueblo judío significa la misma cosa, no hay separación, desde el principio de la historia del pueblo de Israel, Jehová y la ley, eran vistos como un sólo bloque.

Enfrentar a los fariseos era muy peligroso para cualquier hombre, y Jesucristo no era la excepción. Sin embargo, ésta circunstancia no detuvo al Señor Jesús de decirles la verdad y lo profundo de su hipocresía.

“Fariseos hipócritas”, esa frase resuena hoy en día, y es irónico que el contexto sea muy similar al del primer siglo.

Jesús, trajo el Reino de los Cielos al alcance de los hombres, pero los fariseos parándose en medio, ni entraban, ni dejaban entrar, a esos que con hambre y sed de justicia, buscaban una cercanía más personal con su Dios.

En la cristiandad de hoy, podemos decir que los ministros, esos que llamamos pastores, evangelistas, apóstoles, maestros y profetas, vienen a ser la clase dominante en cuanto a llevar la edificación del cuerpo de Cristo al que llamamos Iglesia.

Hoy, son los ministros los que en parte tienen las mismas responsabilidades de los antiguos fariseos, y esto trae consigo los mismos riesgos a las que ellos estuvieron expuestos.

Cuáles son esas responsabilidades fundamentales: Velar por la correcta enseñanza de la palabra de Dios expresada en las escrituras. Y estar pendientes de corregir cualquier desviación de esas enseñanzas, a fin de mantener a un pueblo despierto y preparado para toda buena obra.

Ahora bien, si los ministros de hoy comparten esas responsabilidades con los antiguos fariseos, entonces también son susceptibles de caer en sus mismos errores.

La falla más común de los hombres, es vernos a nosotros mismos y no a Dios. Esto hace que se interpreten las escrituras desde nuestros temores, y no desde la perspectiva correcta de Dios y su amor. Y al final, terminamos defendiendo nuestros intereses, a los que hemos confundido con los intereses de Dios.

Los fariseos modernos al igual que los antiguos, hemos puesto la religión por encima del propósito divino. Se habla de extender el evangelio, al que hemos convertido en un sistema de control, dónde los hombres tienen que pedir permiso a los hombres para hacer o no las cosas. Hemos desarrollado un sistema de cobertura espiritual, que se parece más a alcabalas de control doctrinal, dónde prevalece lo establecido, y no la correcta visión de las escrituras.

El fariseísmo moderno suplantó el Reino por la iglesia, la conquista de la tierra por la huída al cielo, y la genuina escritura por las “sanas doctrinas” de los hombres.

Nos hemos vuelto eunucos a la hora de cuestionar lo que se nos enseñó, refugiándonos confortablemente en una obediencia dañina a una mal entendida autoridad, que ha sido de tropiezo a los intereses del propósito divino.

¿Y esto lo digo por qué?. Porque siendo luz del mundo, sal de la tierra, y más que vencedores, estamos más pendientes de salir con Cristo de la tierra, y no de entregar una tierra conquistada y renovada para Cristo y su Padre. Porque en ves de edificar hombres con pensamiento autocrítico, estamos fomentando hombres con razonamientos sectarios. Porque en ves de extender el Reino, extendemos denominaciones, reinos personales que con buena intención, terminan pareciéndose más a sectas religiosas. Porque anhelamos lo que mal llamamos la segunda venida de Cristo, y no entendemos que Cristo hizo su parte, y que espera con ansias que nosotros terminemos la nuestra.

También debo decir que esto es una parte de la iglesia, no toda es así.

¿Cómo quedan las siguientes versículos?. Mt 28:20b: «…y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén». Y Ef 2:6: «y «juntamente con él nos resucitó,» y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,»

El que cree y vive en su corazón estos versículos, no necesita que Cristo venga porque ya está con Él.

A veces pienso que nosotros, los fariseos modernos, defendemos más muestras posturas, que afrontar los vacíos de nuestras doctrinas, porque tenemos mucho que perder.

Ahora bien, así como los fariseos del tiempo de Jesús, no pudieron vencer sus enseñanzas y su propósito. Así tampoco los fariseos modernos podrán contener los pensamientos del Espíritu, derramándose continuamente en el corazón y la mente de los hombres que con hambre y sed de justicia, traerán el cumplimiento de la voluntad de Dios sobre toda la tierra. Amén.

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