Estupor en contexto

Al mejor cazador se le va la liebre...

Mateo 1:17; 11:16; 12:39, 41, 42, 45; 16:4; 17:17; 23:36; 24:34

Marcos 8:12, 38; 9:19; 13:30

Lucas 1:48, 50; 7:31; 9:41; 11:29, 30, 31, 32, 50, 51; 16:8; 17:25; 21:32

     La importancia de Génesis radica en ser el primer libro de la escritura. Allí Dios nos revela el propósito de nuestro diseño y la obra de lo que todo hijo de hombre debe manifestar en esta tierra.

Cada hombre en su tiempo nació para cumplir una tarea y únicamente por fe el ser humano puede alinearse al propósito divino (lo que hay que hacer).

Génesis 1:26 dice: “… Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza,

… y señoree en …”.

Jehová nos revela nuestro diseño y propósito en este poderoso versículo. Y lo hace en el contexto preciso, a fin que todo hombre entienda que son para él las palabras que lee. Dios te creó para señorear, para ejercer dominio, para reinar juntos, y unidos toda la creación que se ve.

De igual forma debe juzgarse el contenido de este escrito. Le escribo a los escogidos de ésta generación, a aquellos que junto conmigo nos tocó nacer en este tiempo. No le escribo a las personas sin fe, ni a las personas que ya han muerto, tampoco les escribo a las personas que aún no han nacido, estos tendrán sus desafíos en su tiempo. Esto no quiere decir que éstas palabras no puedan ser útiles para enseñar, formar y hasta guiar a generaciones futuras, para que no cometan los mismos errores que nuestra generación.

El griego GENEA, no debe ser distorsionado para descontextualizar líneas santas, que fueron escritas para una generación específica, tampoco debe ser tergiversado su uso para dar a entender otra cosa, otro significado que cambie su alcance.

Todos los versículos de Mateo, Marcos y Lucas que coloqué al inicio, tienen como factor común la palabra genea que se utiliza una y otra vez para definir generación con ese único alcance.

Mt 24:34: “De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca”.

Amado, una generación en términos bíblicos representa 40 años en el tiempo del hombre. Fue ese tiempo el que determinó Dios que la generación de israelitas apóstatas que no quisieron entrar en la tierra prometida padecieran hasta encontrar la muerte en el desierto.

Fue un tiempo de 40 años, en una generación, que la Israel apóstata de los tiempos de Jesús debió esperar sin entendimiento luego que el Mesías muriera, para que la sangre de aquel que murió en el madero cayera sobre los que lo entregaron y sobre sus hijos (Mt 27:25) y llegara el fin del tiempo, el fin del primer pacto y el fin de esa nación.

Aún así, nos maravillamos, Dios guardó un remanente escogido de judíos que llegó a formar parte de la Iglesia de Cristo. También otros judíos fueron esparcidos para que las espigas naturales puedan llegar en su tiempo a reinsertarse en la vid de la cual fueron desgajadas. Oro a Dios para que nuestros ojos puedan ver el cumplimiento de ésta justicia.

Amados, se nos ha enseñado a guardar los contextos a la hora de escudriñar las escrituras, y damos por sentado muchas cosas que no son verdad. La realidad es que no estamos guardando los contextos, pasan invisibles a nuestros ojos llenos de estupor, esto ha sido el resultado de la soberbia y enojo ante nuestra evidente falta de fe y comunión con Dios.

Descontextualizar no solo atañe al texto, repercute en todas las cosas...

Descontextualizar no solo altera el texto, repercute en todas las cosas…

La mentalidad religiosa juzga lo nuevo que oye, pero no cuestionó lo viejo que oyó cuando en su momento fue nuevo. Creernos conocedores de la escritura juega en nuestra contra, creer sin pesar lo que nos enseñaron, es equivalente a un ciego que se deja guiar por otro ciego, ya que se supone que uno de ellos conoce el camino.

Una parte esencial del nuevo pacto que Dios celebró con nosotros mediante Cristo, es que Él mismo escribiría y sellaría su palabra en nuestra mente y corazón, a fin de ser nuestro maestro.

Acudimos a la pereza y dejamos el peso de la revelación de la escritura a los ministros que edifican al cuerpo de Cristo, y nos olvidamos de honrar nuestra parte del pacto; que es acudir por voluntad propia al encuentro con Dios y Cristo en el templo de nuestro ser, y buscar su palabra escrita en nosotros.

Iglesia, DESPIERTA…

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