Mt 11:12: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”
La conquista de un territorio nunca es pacífica.
¿Cuándo se arrebatará el reino de los cielos?, ¿tendremos que esperar la segunda venida de Cristo?, ¿será que no tenemos entendimiento de lo que Jesucristo dijo en Mt 11:12?
Amados, los que van a hacer crecer el monte hasta cubrir toda la tierra (Dn 2:35) son los hombres, los que van a llenar y sojuzgar la tierra son los hombres (Gn 1:28).
El pueblo de Israel no tuvo que esperar ninguna venida de Cristo para arrebatar la tierra prometida de siete naciones más grandes y fuertes que ellos; el ángel de Jehová iba delante de ellos, y los israelitas debían ser esforzados y valientes.
Cinco generaciones (en Estos últimos 200 años) como mínimo fueron enseñadas con doctrinas de una salvación sin Reino. No será fácil desarraigar ese quiste doctrinal.
El evangelio no es para salvación, el evangelio es del Reino, las buenas nuevas son para advertirnos que un hombre lleno del Espíritu Santo, con su autoridad y poder, puede manifestar la gloria de Dios en la tierra y redimir a su paso los suelos, los aires y todo cuanto esté en ellos (somos luz y sal del mundo).
La salvación de la que se habló en tiempos de Jesús tiene dos aspectos muy bien marcados.
El primero de ellos es la oportunidad de salvación por el juicio decretado contra la nación de Israel por darle la espalda a Dios, esto fue decretado en la profecía de las setenta semanas; todo aquel que se arrepintiera y creyera en el hijo del hombre permaneciendo fiel hasta el final de la destrucción del templo sería salvo.
El segundo aspecto tiene que ver con el perdón de nuestros pecados, esto debido a la imagen distorsionada que tenemos de nosotros mismos. Y para esto también se necesita arrepentimiento.
La salvación redime al hombre y le devuelve la imagen correcta de señor de la tierra para poder cumplir con su propósito divino.
Hemos cometido el pecado de usar la palabra salvación para meterle miedo a la gente, a fin de sugestionarla para que confiese a Cristo como su salvador, de esa manera llegarán mas almas a Cristo y muchos más se convertirán. ¿Pero a costa de qué?, a costa del Reino, esa palabra quedó en un segundo lugar en las predicaciones, hasta el punto que ya ni se mencionaba.
La salvación sin reino es como tener carbón sin carne en la parrilla, es necesario pero solo no se cumple el propósito.
El reino de los cielos llegó y Cristo envío las arras del Espíritu Santo como garantía que estaría con nosotros todos los días de nuestra vida, a fin de arrebatar lo que nos pertenece, lo que es nuestra herencia, la tierra y todos sus dominios.
Aún quedan enemigos de nuestro Señor, alguno de ellos son la incredulidad, el hombre ocupando el lugar de Dios, el pecado de identidad en Cristo, principados y potestades espirituales que aun quedan sobre la tierra, y otros más.
Aquí está nuestra lucha, primeramente se lucha en el corazón del hombre y luego se batalla en cada metro cuadrado de influencia del hombre sobre la tierra.
¡Iglesia de Cristo, esposa de Cristo, despierta!.