En memoria de Julio Verne, no se hasta donde fue loco o visionario…
Fue en el año 2135 cuando el mundo entero fue sacudido por una crisis de fe sin precedentes. Los creyentes de diferentes religiones se encontraban confundidos y desilusionados, ya que aún no se había cumplido la profecía de la segunda venida de Cristo, la frase principio de dolores ya no era creíble, porque muchas décadas habían transcurrido donde los ministros de cada época decían siempre lo mismo, ese parto había sido demasiado largo y no se veían señales del alumbramiento.
Durante siglos, las escrituras habían sido interpretadas de manera literal, y la espera del retorno de Jesucristo había sido el foco central de la fe de miles de millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, a medida que pasaban los años y Cristo no regresaba, surgieron dudas y temores entre los fieles.
Los líderes religiosos intentaron tranquilizar a sus seguidores, argumentando que el tiempo de Dios no era igual al tiempo humano, que todo sucedería en el momento adecuado. Pero la paciencia de los fieles estaba llegando a su límite.
Algunos comenzaron a cuestionar si habían interpretado mal las escrituras, si habían dado por sentado algo que quizás no era tan literal como creían.
En medio de este caos espiritual, grupos de ministros movidos por el Espíritu Santo en todo el mundo se reunieron para discutir sobre el significado real de la profecía de la segunda venida de Cristo.
A medida que profundizaban en las escrituras, comenzaron a darse cuenta de que quizás la interpretación literal no era la correcta. Se sumergieron en las escrituras y hallaron pistas que los llevaron a reconsiderar la forma en que habían entendido las profecías.
Entre los textos que estudiaron, encontraron referencias al Reino de los Cielos como el modelo de justicia sobre la tierra, como lo mencionaba el profeta Isaías y Daniel en el Antiguo Testamento y como Jesús lo había enseñado durante su vida terrenal. Comenzaron a comprender que la venida del Reino de los Cielos no tenía por qué ser un evento único y escatológico, sino que podía ser un proceso gradual que los creyentes estaban llamados a llevar a cabo en la tierra y que había iniciado desde la llegada de Jesucristo en su primera vez como hombre.
Con esta nueva perspectiva, el grupo de teólogos se propuso difundir su interpretación de las escrituras entre los fieles. Argumentaban que en lugar de esperar pasivamente la segunda venida de Cristo, los creyentes debían trabajar activamente para extender el Reino de los Cielos en la tierra, tal como lo había enseñado el Señor Jesús, trayendo renovación y justicia a todos los ámbitos de influencia de los hombres y sus naciones.
Esta idea, aunque controvertida al principio, empezó a resonar entre muchos creyentes que se habían sentido desilusionados por la espera interminable de la venida de Cristo. La idea de ser co-heredeross del Reino de los Cielos en la tierra les infundió una nueva esperanza y propósito.
Pronto, el movimiento se extendió y comenzaron a surgir comunidades centradas en llevar a cabo la voluntad de Dios en la tierra, en lugar de simplemente esperar su intervención divina.
A medida que pasaban los años, este nuevo enfoque espiritual se fue consolidando y transformando la forma en que las personas entendían la fe. Los fieles se convirtieron en activistas por la paz, la justicia y el cuidado del medio ambiente, motivados por el deseo de extender el Reino de los Cielos a la tierra.
Este movimiento no solo revitalizó la fe de muchos, sino que también tuvo un impacto positivo en el mundo, generando un cambio significativo en la sociedad, donde los líderes de las naciones buscaban activamente el consejo de los hijos de Dios que ministraban en el nombre de Jesús con su poder y autoridad.
En el año 2150, cuando se cumplieron quince años desde el surgimiento de este movimiento, un acontecimiento inesperado sacudió al mundo. En medio de una crisis global, marcada por conflictos y desastres naturales, la humanidad experimentó un momento de unidad y solidaridad sin precedentes.
Fue entonces cuando muchos creyeron ver el cumplimiento de la profecía del Reino de los Cielos en la tierra, no como un evento catastrófico, sino como un despertar espiritual que llevó a la humanidad a trabajar juntos por un bien común.
Aunque la segunda venida de Cristo no se había producido tal como se esperaba, la fe de millones de personas había sido renovada y transformada por un nuevo entendimiento de las escrituras.
El Reino de los Cielos en la tierra se desarrollaba cada día con mayor fuerza, su llegada había sido evidenciada por el amor, la compasión y la colaboración que se manifestaron entre los seres humanos.
En retrospectiva, el tiempo de espera fue fundamental para que las personas reevaluaran y profundizaran en su fe, llevándolos a descubrir un mensaje más amplio y significativo en las escrituras.
La espera de la venida de Cristo, en lugar de ser motivo de desesperación, se convirtió en una oportunidad para un nuevo despertar espiritual. Y así, el Reino de los Cielos encontró su lugar en la tierra, no como un evento apocalíptico, sino como la manifestación del amor y la justicia de Dios a través de sus hijos en la humanidad.
Son pocos los enemigos de la fe que aún quedan en el mundo, y todos unánimes esperan el día en que todos ellos sean vencidos por el amor que arrebata todas las cosas, a fin de dar cumplimiento a 1Co 15:25: «Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies».