Había una vez una mujer llamada María, conocida por su capacidad de dormir profundamente. Sin embargo, en los últimos tiempos, sus noches se habían vuelto inquietas. Cada vez que se acostaba, daba vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño. Como resultado, se sentía cansada y de mal humor durante el día.
María comenzó a reflexionar sobre cuándo había empezado su problema y se dio cuenta de que coincidía con el momento en que comenzó a tomar café por la noche. La causa parecía clara: el café la mantenía despierta. Decidió dejar de tomar café después de las 6 de la tarde, esperando que eso solucionara su problema de sueño. Sin embargo, aunque dejó de tomar café por la noche, seguía teniendo dificultades para dormir.
Fue entonces cuando María se dio cuenta de que había algo más profundo que estaba afectando su descanso. Después de reflexionar un poco más, se dio cuenta de que estaba muy estresada por el trabajo. La causa subyacente de su insomnio era el estrés laboral. El café era solo un síntoma de un problema mayor: su necesidad de mantenerse despierta para terminar sus tareas debido a la presión en el trabajo.
María decidió abordar el estrés laboral. Habló con su jefe sobre la carga de trabajo y comenzó a practicar técnicas de relajación antes de dormir. Poco a poco, su sueño mejoró, y volvió a sentirse descansada y de buen humor durante el día.
La historia de María nos ofrece una valiosa lección sobre cómo abordar los problemas en nuestras vidas y, de manera similar, en la iglesia del Señor. A menudo, nos enfocamos en los síntomas aparentes de un problema sin llegar a la raíz subyacente. En el caso de María, el café parecía ser la causa de su insomnio, pero en realidad, el estrés laboral era el verdadero culpable.
De manera similar, en la iglesia, las doctrinas erradas son el efecto resultante de la interpretación literal de los libros de las Escrituras. O eso es lo que podemos ver a simple vista como causa, y es debatible. Pero si vemos más profundamente las escrituras, llegaremos a ver la causa subyacente de los errores. Nosotros no podemos pasar por alto, y debemos aceptar, que los libros del viejo y nuevo testamento fueron escritos en un contexto específico y para una población particular. Al sacarlos de su contexto original, se generan interpretaciones erróneas que pueden desviar a los creyentes del verdadero mensaje de Dios.
Consideremos un ejemplo común: la interpretación literal del libro de Apocalipsis. Muchos han tomado las visiones y profecías de Juan como eventos que deben ocurrir exactamente como se describen, sin considerar el lenguaje simbólico y el contexto histórico en el que fueron escritos. Esto ha llevado a la proliferación de doctrinas sobre el fin del mundo que generan miedo y confusión entre los creyentes.
Así como María descubrió que el verdadero problema era el estrés y no el café, nosotros también debemos buscar la causa subyacente de las doctrinas erradas. Esto implica estudiar las Escrituras en su contexto histórico y cultural, entendiendo para quiénes fueron escritas y cuál era el mensaje original.
Para corregir estas doctrinas erradas, es esencial que los líderes y miembros de la iglesia se dediquen a un estudio profundo y reflexivo de la Biblia. Esto incluye:
1. Contexto Histórico y Cultural: Entender el contexto en el que se escribieron los textos bíblicos. ¿Quiénes eran los destinatarios originales? ¿Qué situaciones estaban enfrentando?
2. Lenguaje Simbólico: Reconocer el uso de lenguaje simbólico y figurativo en las profecías y visiones. No todo debe interpretarse literalmente.
3. Aplicación Práctica: Reflexionar sobre cómo los principios bíblicos pueden aplicarse a nuestras vidas hoy, sin distorsionar el mensaje original.
4. Oración y Discernimiento: Buscar la guía del Espíritu Santo para discernir la verdad y evitar caer en interpretaciones erradas.
“Entonces el diablo lo llevó a la santa ciudad, lo puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios”.
En este pasaje, el diablo cita el Salmo 91:11-12 fuera de contexto para tentar a Jesús. Jesús responde citando Deuteronomio 6:16, mostrando que es crucial entender y aplicar las Escrituras correctamente, sin distorsionarlas para nuestros propios fines, sino que siempre debemos velar porque prevalezcan los fines de Dios.
La historia de María nos enseña que, para resolver un problema, debemos ir más allá de los síntomas y buscar la causa subyacente. En la iglesia, esto significa estudiar las Escrituras con diligencia y discernimiento, evitando sacar de contexto los versículos proféticos. Al hacerlo, podemos corregir las doctrinas erradas y guiar a los creyentes hacia una comprensión más profunda y precisa de la Palabra de Dios, que hará volver con más fuerza y dirección que nunca a la nación de reyes y sacerdotes que redimirán el resto del mundo para Dios y su Cristo, Amén.