¿Qué tan preparados estamos para lo que está por venir?, ¿quién no quisiera experimentar la prosperidad económica?, ¿quién no quisiera vivir sin problemas?, ¿quién no quiere ser visto, reconocido y aceptado dentro de la sociedad como una figura importante?.
Aquel que es rico en cualquiera de las áreas anteriores, tendrá muchas distracciones para seguir a Jesús.
Enseñamos la ley de la siembra y la cosecha, y por ser ley, ésta se cumple ante nuestros ojos, es una verdad espiritual. Puedes sembrar, de hecho te conviene hacerlo, pero no siempre ocurre como deseamos.
Si siembras en mala tierra, perderás la semilla. Las inundaciones o sequías prolongadas también pueden hacer que pierdas los que sembraste. Muchos siembran dinero, esperando recibir a cambio ese dinero multiplicado, eso es bueno, ¿pero si el retorno viene en forma de paz o salud?, ¿y si el retorno activa el llamado a la obra del ministerio?.
Hoy en día veo con mucha preocupación que los ministros no estamos edificando a los hijos de Dios con diligencia para enfrentar desde el Reino la persecución venidera y muchos pensamos en el arrebatamiento como la fórmula de escape antes que todas estas cosas acontezcan.
Quise empezar con el atractivo tema de la prosperidad (el enfoque de la verdadera prosperidad es un alma rica que hace equipo con las cosas del Espíritu) para terminar con el nada atractivo tema de la persecución, y darnos cuenta que estamos distrayendo el enfoque al propósito divino. Este mensaje no gusta y no suma almas que buscan “prosperidad”, pero si sumará almas escogidas que podrán enfrentar lo que viene.
El propósito divino se sostiene por La Palabra y el principio de dependencia de los hijos de Dios hacia su Padre.
Jn 15:20, Hch 14:22, 2Ti 3:12, Mt 24:9, Lc 21:16-17, Ap 6:10-11 y Ap 13:7, son solo algunos de los textos que hablan sobre la persecución, algunos eventos se han cumplido, otros están en desarrollo, otros son cíclicos, repitiéndose una y otra vez, y otros están por explotar ante nuestros ojos.
Prefiero presentarlos de esta manera para que seas tú mismo el que sales de tu tienda y buscas el maná de este día. Que sea el mismo Espíritu hablando a tu vida, directamente y por la palabra de Dios.
La gran persecución es una verdad, y se va a cumplir, es necesario que así sea, la fe y la dependencia de Dios deben ser probadas por el fuego, somos los escogidos que formarán parte del gobierno de Dios en un monte alto que cubrirá toda la tierra, el arrebatamiento no es salvación, es el paso necesario para la conformación final de ese gobierno, el acto de salvación ya ocurrió en la cruz.
Los ministros debemos rescatar estas verdades y anunciarlas con poder, gusten o no, ¿de qué vale una congregación repleta de hombres y mujeres que corran ante el engaño, ante el falso amor y ante las pruebas venideras?, debemos edificar generaciones que glorifiquen y se gocen con su Señor en medio del desierto, de la escasez, de la abundancia, de la enfermedad y del proceso.
Los reyes y sacerdotes del Reino prosperan en medio de cualquier aflicción, la verdadera prosperidad es llegar a vestir un cuerpo de gloria semejante al del maestro y que ha sido preparado por el mismo como morada eterna de gobierno.
El verdaderamente próspero manifestará como hijo la gloria de su Padre en esta tierra.
Ro 8:19: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.”