¿Hasta cuándo vamos a pelear con nuestras sombras? Un hombre o mujer que pasa sus días sobre la tierra sin hacer justicia es comparable a un gatito que juega a atrapar la luz de una linterna láser. El mundo es la linterna y nosotros somos el gatito.
Cristo, el Adán perfecto, no siguió la luz de la linterna; Él es la luz verdadera, y por conocer su identidad y manifestarla, jamás siguió las luces engañosas del mundo corrupto y su príncipe vencido.
El mundo está corrompido por luces y sombras de distracción, haciendo que hasta los mismos ministros llamados a edificar el cuerpo de Cristo hagan pactos con autoridades terrenales sujetas a sus propios intereses.
Hay un gran vacío de propósito en la mente y los corazones de los líderes del rebaño del Señor. Están más pendientes de la salvación que de la justicia, sin darse cuenta de que la salvación es una de las obras de justicia, y que no pueden detenerse allí porque hay muchas otras obras justas esperando a ser realizadas.
Este es un llamado no solo a los líderes, también para los seguidores. Ninguno tiene excusa. Hay un nuevo pacto, y el que lo acepte conocerá que la ley de Dios está escrita en su mente y corazón. No podemos presentarnos delante del juez y decirle que seguimos a un pastor que estaba engañado, cayendo nosotros con él por honrar la autoridad y la obediencia.
El Señor dirá, ¡obedeciste al hombre antes que a mí!
1 Timoteo 2:14: “Y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión.”
Génesis 3:17: “Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.”
Nosotros no somos víctimas de engaño. Adán no fue engañado; él deliberadamente obedeció la voz del hombre representada en Eva, antes que la voz de Dios.
Un gato no tiene la conciencia necesaria para salir del engaño de la linterna; nosotros, en cambio, sí podemos hacerlo.
Como hombres y mujeres heridos, pretendemos ir a sanar al mundo con nuestras hojas, terminando más heridos tanto el mundo como nosotros en el proceso.
Hay dos frentes de batalla en esta guerra espiritual, una interna y otra externa. El enemigo más difícil a vencer somos nosotros mismos, esa lucha interna que libra cada hombre con sus propios demonios, y digo esto porque los demonios de afuera fueron exhibidos públicamente como perdedores ante nuestro Señor.
No hay demonio que pueda hacerle frente a un rey y sacerdote, a un redimido en plenas facultades espirituales.
La primera batalla a ganar está en formar ese rey y sacerdote bajo la orden de Melquisedec, el arqueripo perfecto del real sacerdocio.
Ese es el hombre nuevo que cumplirá toda justicia.
Seguir pensando que las alianzas que se hagan con hombres corruptos ciegos de poder, son convenientes para hacerlos cambiar, es pura ingenuidad que raya en intenciones oscuras de reconocimiento y complacencia mutua.
Más que nunca estoy consciente del llamado que nos hizo Dios, nuestra condición de ovejas es ante Cristo, pero las ovejas no hacer el trabajo de un rey y sacerdote.
Asumamos la responsabilidad de formarnos como reyes y sacerdotes de ésta generación, para formar luego a los reyes y sacerdotes de las próximas generaciones que transformarán el mundo de corrupción a un mundo lleno de luz. Cristo es el precursor de esta semilla, y nosotros la imagen de su obra.
Rompe con el sistema de control llamado religión, rompe con tradiciones y esquemas que subyugan tu identidad, vuélvete un Cristo que desafía las autoridades como Él lo hizo en su tiempo por desviarse del propósito divino, las religiones no sirven de nada, sólo para dormirte, este es una guerra por los corazones y las mentes de las personas, y que se ve reflejada en los territorios de las naciones.
Aquí tienes el texto editado para que tenga un mejor sentido:
Rompe con el sistema de control llamado religión. Rompe con tradiciones y esquemas que subyugan tu identidad. Vuélvete un Cristo que desafía las autoridades como Él lo hizo en su tiempo, llamándolos a la verdad, porque éstas se desviaron del propósito divino. Las religiones no sirven de nada, solo para adormecerte. Esta es una guerra por los corazones y las mentes de las personas, una lucha que se ve reflejada en los territorios de las naciones.
Mientras más reyes y sacerdotes caminen en esta nación, más temprano que tarde la verdadera redención llegará a los puestos de gobierno. Y no serán ocupados por pastores, apóstoles o profetas, sino por un real sacerdocio hacedor de justicia.