El qué, el cómo, y el con qué hacerlo
Prefacio
Desata el Potencial Divino en Ti: El Qué, el Cómo y el Con Qué
En el transcurrir de la vida, donde las prioridades chocan y las incertidumbres nublan el camino, surge una pregunta fundamental: ¿cómo podemos alinear nuestras vidas con un propósito mayor y alcanzar nuestro destino? La respuesta, aunque simple en su esencia, requiere una profunda reflexión y un compromiso inquebrantable.
Todo lo que hagas hazlo con convicción: cada uno de nosotros posee un potencial ilimitado, un llamado único para impactar el mundo. Sin embargo, para liberar este potencial, necesitamos comprender tres elementos cruciales: el Qué, el Cómo y el Con Qué. Estos tres pilares, cuando se alinean correctamente, se convierten en la clave para una vida de propósito, poder y plenitud.
El Qué representa nuestro destino, la visión de justicia que Dios ha plantado en nuestro corazón. Es el propósito que nos impulsa a levantarnos cada mañana, la pasión que nos consume y nos da dirección. Descubrir el “Qué” implica una introspección profunda, una búsqueda honesta de nuestros talentos, pasiones y la necesidad que estamos llamados a satisfacer en el mundo.
El Cómo es el camino, la estrategia para llevar a cabo la visión de Dios. No basta con tener un sueño; debemos aprender las habilidades, desarrollar la disciplina y adoptar las actitudes que nos permitirán superar obstáculos y alcanzar las metas del plan. El “Cómo” exige perseverancia, aprendizaje continuo y una disposición para adaptarnos y crecer en el proceso.
El Con Qué son los recursos, las herramientas y el apoyo que necesitamos para llevar a cabo nuestra misión. Esto incluye nuestros talentos naturales, nuestras habilidades adquiridas, nuestras relaciones, nuestros recursos financieros y, sobre todo, la gracia, la autoridad y el poder de Dios. Reconocer y utilizar sabiamente nuestros recursos es esencial para maximizar nuestro impacto y lograr resultados significativos.
Este escrito te guiará en un viaje de descubrimiento, proporcionándote las herramientas y la inspiración que necesitas para definir tu “Qué”, diseñar tu “Cómo” y movilizar tu “Con Qué”. Exploraremos cómo estos tres elementos se entrelazan y se complementan, creando una necesidad poderosa que te impulsará hacia adelante.
Este no es un libro sobre el éxito personal; es una invitación a participar en un plan divino mucho más grande que nosotros mismos. A medida que descubras tu propósito y te conviertas en la mejor versión de ti mismo, te unirás a una comunidad global de personas apasionadas por marcar la diferencia en el mundo, el Reino de los Cielos sobre la tierra.
Prepárate para un viaje transformador. Abre tu mente, desafía tus límites y abraza el potencial divino que reside en ti. Juntos, exploraremos el Qué, el Cómo y el Con Qué para construir una vida de propósito, poder y plenitud.
Capítulo 1
Cristo: El Fundamento de Todo
En la búsqueda de propósito, estrategia y recursos, nos encontramos inevitablemente con una verdad trascendental: Cristo es el fundamento sobre el cual se edifica toda existencia. No es simplemente una figura histórica o un líder religioso; Él es la esencia misma de la creación, el principio unificador de todo lo que es, fue y será. Explorar la preeminencia de Cristo es adentrarnos en el corazón del plan divino, donde encontramos la clave para desbloquear nuestro potencial y vivir una vida con significado eterno.
La Preeminencia de Cristo: Colosenses 1:16-17 como Lente
Colosenses 1:16-17 nos revela una verdad asombrosa sobre la preeminencia de Cristo: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.”
Este pasaje no solo afirma que Cristo fue el agente creativo a través del cual se originó todo, sino que también establece que todo fue creado “para él”. Él es el propósito último de la creación, el centro de gravedad alrededor del cual giran todas las cosas. En otras palabras, la existencia misma está intrínsecamente ligada a Cristo y encuentra su significado en Él.
* “En él fueron creadas todas las cosas”: Esto implica que Cristo es la fuente de toda existencia. No hay nada que exista fuera de Él. Él es el Arquitecto del universo, el Diseñador de la vida.
* “Todo fue creado por medio de él”: Cristo no solo inició la creación, sino que también la llevó a cabo a través de Su poder y sabiduría. Él es el Mediador a través del cual Dios Padre se revela y actúa en el mundo.
* “Todo fue creado para él”: Este es el punto crucial. La creación no es un accidente cósmico sin propósito. Todo fue creado con Cristo en mente, para reflejar Su gloria y cumplir Su propósito.
* “Él es antes de todas las cosas”: Cristo no es una creación tardía. Él existe desde la eternidad, anterior a todo tiempo y espacio. Su existencia no depende de la creación, sino que la creación depende de Él.
* “Todas las cosas en él subsisten”: Cristo no solo creó el universo, sino que también lo sostiene. Él es el poder que mantiene unidas todas las cosas, el pegamento cósmico que impide que el universo se desmorone.
Cristo en el Huerto: Semilla de la Redención
La presencia de Cristo no es un concepto relegado al nuevo testamento; Su influencia se extiende hasta los albores de la creación. En el Jardín del Edén, el “árbol de la vida” representa una comunión íntima con Dios, una realidad que quedó fuera del alcance del hombre por su caída. Sin embargo, incluso en este escenario de desobediencia, se vislumbra la promesa de redención a través de Cristo.
Todo buen gerente tiene en cuenta los mejores y peores escenarios para su negocio. ¿Crees que Cristo, el mejor gerente de todos, se la escapará algo?
* Génesis 3:15: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.” Esta profecía, pronunciada inmediatamente después de la caída, apunta a la consecución de un plan perfectamente orquestado, la venida de Cristo, la “simiente” que aplastaría la cabeza de la serpiente y restauraría la relación entre Dios y el hombre.
* El Árbol de la Vida como Símbolo: El acceso al árbol de la vida fue restringido después de la caída, simbolizando la pérdida de la comunión con Dios. Sin embargo, la promesa de restauración a través de Cristo implica que un día el acceso a esa vida plena sería restaurado. El gran misterio de amor con esto, es que todos los que vivieron antes del cumplimiento del tiempo, serían arrebatados por y para Cristo cuando el hijo de hombre retomo el trono y todos los dominios en su ascensión ante el anciano de Días.
El Árbol de la Vida: Plenitud en la Nueva Jerusalén
En el libro de Apocalipsis, vislumbramos la consumación final de todas las cosas, la Nueva Jerusalén, donde el árbol de la vida vuelve a aparecer en toda su gloria: “A uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.” (Apocalipsis 22:2).
* Restauración de la Comunión: La presencia del árbol de la vida en la Nueva Jerusalén simboliza la restauración completa de la comunión entre Dios y la humanidad. Ya no hay separación ni barreras; tenemos acceso directo a la fuente de vida eterna.
* Sanidad para las Naciones: Las hojas del árbol tienen un propósito curativo, lo que implica que la plenitud de vida en Cristo se extiende a todas las áreas de nuestra existencia, sanando nuestras heridas, restaurando nuestras relaciones y trayendo armonía a nuestra heredad.
Cristo: Realidad y Verdad
Cristo no es una doctrina o un conjunto de creencias; Él es una realidad viva y una verdad eterna. En Juan 14:6, Jesús declara: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”
* El Camino: Cristo es el único camino hacia Dios, la única manera de reconciliarnos con nuestro Creador y experimentar la plenitud de vida que Él nos ofrece.
* La Verdad: Cristo es la personificación de la verdad, la revelación definitiva del carácter y la voluntad de Dios. Conocer a Cristo es conocer la verdad que nos libera de la esclavitud del pecado y la ignorancia, dejando de ser de esclavos de la muerte para ser esclavos de Cristo por amor. La esclavitud pierde el sentido de condenación para abrazar el verdadero sentido de dependencia.
* La Vida: Cristo es la fuente de vida eterna, la fuerza vital que nos sostiene y nos capacita para vivir una vida de propósito y significado.
El Cuerpo de Cristo: Manifestando Su Plenitud
A través de la fe en Cristo, nos convertimos en miembros de Su cuerpo, la Iglesia. En 1 Corintios 12:27, Pablo escribe: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.”
* Unidad en la Diversidad: El cuerpo de Cristo está compuesto por personas de diferentes orígenes, culturas y talentos. Sin embargo, todos estamos unidos por el Espíritu Santo y llamados a trabajar juntos para cumplir el propósito de Dios en la tierra.
* Cada Miembro es Importante: Cada miembro del cuerpo tiene un papel único y esencial que desempeñar. No hay miembros superfluos o insignificantes. Todos somos necesarios para que el cuerpo funcione correctamente.
* Manifestando Su Vida: Como miembros del cuerpo de Cristo, estamos llamados a manifestar Su vida y Su carácter en el mundo. A través de nuestras palabras, acciones y actitudes, podemos revelar el amor, la gracia y la verdad de Cristo a quienes nos rodean.
En resumen, Cristo es el fundamento de todo lo que somos, el propósito de nuestra existencia y la fuente de nuestra vida. Al reconocer Su preeminencia y rendirnos a Su señorío, abrimos la puerta a una vida de plenitud, propósito, autoridad y poder. En los próximos capítulos, exploraremos cómo esta verdad fundamental se aplica a el Qué, el Cómo y el Con Qué de nuestra vida, capacitándonos para convertirnos en los reyes y sacerdotes que Dios nos ha llamado a ser.
Capítulo 2
El Qué: Propósito en Cristo
Descubrir el “Qué” de nuestra existencia es desentrañar el propósito divino que nos fue asignado antes de la fundación del mundo. No se trata de una búsqueda superficial de metas personales, sino de una inmersión profunda en la voluntad de Dios, revelada a través de Cristo. El “Qué” no es un destino final, sino un viaje continuo de dependencia, alineación y manifestación del plan eterno de Dios en nuestras vidas.
Perspectiva Humana: Descubriendo Nuestra Identidad y Llamado en Cristo
El primer paso para comprender nuestro “Qué” es reconocer nuestra identidad en Cristo. Ya no somos definidos por nuestras circunstancias, nuestros fracasos o las opiniones de los demás. Somos nuevas creaciones en Cristo (2 Corintios 5:17), hijos e hijas de Dios, coherederos con Cristo (Romanos 8:17). Esta identidad transformada nos da una nueva perspectiva sobre nosotros mismos y sobre el mundo que nos rodea.
* Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Esta declaración radical de Pablo revela la esencia de nuestra identidad en Cristo: una unión tan profunda que nuestra antigua vida ha sido crucificada y ahora es Cristo quien vive a través de nosotros.
* Efesios 1:4-5: “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él. En amor nos predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.” Este pasaje nos revela que nuestro “Qué” no es un accidente, sino un plan predeterminado por Dios desde la eternidad. Fuimos escogidos en Cristo para ser santos, amados y adoptados como hijos de Dios, a través de la sangre de Cristo que opera por el arrepentimiento del hombre que se rinde ante su voluntad.
Dentro de este marco general, cada uno de nosotros tiene un llamado individual, un propósito específico que cumplir en el plan divino. Descubrir este llamado requiere discernimiento espiritual, oración y una búsqueda honesta de nuestros talentos, pasiones y las necesidades que nos hacen mover.
* Romanos 12:6-8: “Teniendo, pues, diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.” Este pasaje nos muestra que Dios nos ha dado dones y talentos únicos para servir a los demás y cumplir Su propósito.
* 1 Corintios 7:17: “Pero cada uno como el Señor le repartió, cada uno como Dios le llamó, así haga. Esto ordeno en todas las iglesias.” Pablo nos anima a abrazar nuestro llamado individual, sea cual sea, y a cumplirlo con fidelidad.
Perspectiva Divina: El Plan de Redención hacia afuera
El “Qué” de nuestra vida no puede entenderse plenamente fuera del contexto del plan de redención de Dios. Fuimos creados para tener comunión con Dios, pero el pecado rompió esa relación. A través de Cristo, Dios ha provisto una manera de restaurar esa comunión y reconciliarnos con Él.
* Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Este versículo resume el plan de redención de Dios: a través de la fe en Cristo, podemos recibir el perdón de nuestros pecados y obtener la vida eterna.
* 2 Corintios 5:18-19: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.” Este pasaje nos revela que, como seguidores de Cristo, hemos sido llamados a participar en el ministerio de la reconciliación, llevando el mensaje de esperanza y perdón a un mundo herido.
Nuestro “Qué”, por lo tanto, está intrínsecamente ligado a este plan de redención. Somos llamados a ser embajadores de Cristo (2 Corintios 5:20), llevando Su luz y Su amor a un mundo en tinieblas.
Construcción de Reyes y Sacerdotes: El Orden de Melquisedec
Dentro del plan divino, somos llamados a ser reyes y sacerdotes (Apocalipsis 1:6), un concepto que se manifiesta plenamente en el orden de Melquisedec. Melquisedec era un rey y sacerdote que no pertenecía a la línea levítica, sino que ejercía su ministerio por designación divina (Génesis 14:18-20). Cristo es nuestro Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec (Hebreos 5:6), y nosotros, como Sus seguidores, somos llamados a emular Su ejemplo.
* El Rey: Representa la autoridad, el dominio y la responsabilidad de gobernar sobre nuestra propia vida y sobre las esferas de influencia que Dios nos ha dado. Implica tomar decisiones sabias, ejercer liderazgo y establecer el reino de Dios en la tierra, pero sobre todas esas cosas, lo que define y le da esencia a un rey del Reino de los Cielos es el servicio por amor al prójimo.
* El Sacerdote: Representa la mediación entre Dios y los hombres, el servicio, pero sobre todo el sacrificio. Implica interceder por los demás, ministrar la gracia de Dios y ofrecer nuestros cuerpos como sacrificio vivo (Romanos 12:1). La esencia del sacerdote del Reino de los Cielos es el sacrificio por el prójimo.
El orden de Melquisedec nos desafía a integrar estos dos aspectos en nuestra vida, a ser reyes que sirven y sacerdotes que son sacrificio. Este equilibrio es esencial para cumplir nuestro “Qué” de manera efectiva y poderosa.
Conclusión: Abrazando el Propósito en Cristo
Descubrir el “Qué” de nuestra vida es un proceso continuo de búsqueda, discernimiento y alineación con la voluntad de Dios. Implica conocer nuestra identidad en Cristo, abrazar nuestro llamado individual y participar en el plan de redención de Dios. Al construir nuestras vidas sobre el fundamento de Cristo y al operar dentro del orden de Melquisedec, podemos convertirnos en los reyes y sacerdotes que Dios nos ha llamado a ser, impactando nuestro mundo con Su luz y Su amor. El “Qué” no es un destino, sino un viaje de transformación y manifestación del propósito eterno de Dios en nosotros.
Capítulo 3
El Cómo: Proceso en Cristo
Una vez que hemos descubierto el “Qué” de nuestro propósito en Cristo, la siguiente pregunta inevitable es: ¿cómo lo llevamos a cabo? El “Cómo” no es simplemente una cuestión de estrategia y técnica; es un proceso de transformación integral que se desarrolla en la comunión con Cristo y bajo la dirección del Espíritu Santo. Implica un crecimiento continuo, una disposición para aprender y una dependencia total de la gracia de Dios.
Perspectiva Humana: Crecimiento Espiritual y Disciplina
El “Cómo” de nuestro propósito comienza con el crecimiento espiritual. No podemos cumplir el llamado de Dios si permanecemos estancados en nuestra fe. El crecimiento espiritual implica una renovación constante de nuestra mente (Romanos 12:2), una profundización de nuestra relación con Dios y una transformación de nuestro carácter a la imagen de Cristo (2 Corintios 3:18).
Este crecimiento se nutre a través de disciplinas espirituales:
* Oración: La oración es la comunicación íntima con Dios, donde le presentamos nuestras necesidades, buscamos Su guía y le adoramos. A través de la oración, fortalecemos nuestra relación con Dios y recibimos la sabiduría y la fortaleza que necesitamos para enfrentar los desafíos de la vida.
* Lectura y Meditación de la Palabra de Dios: La Biblia es la Palabra de Dios, la revelación de Su voluntad y la guía para nuestra vida. Al leer y meditar en la Palabra, renovamos nuestra mente, aprendemos los principios de Dios y descubrimos Su propósito para nosotros.
* Ayuno: El ayuno es la abstinencia voluntaria de alimentos por un período de tiempo, con el propósito de buscar a Dios con mayor intensidad. A través del ayuno, humillamos nuestro espíritu, reconocemos nuestra dependencia de Dios y nos abrimos a Su dirección.
Ahora bien, el ayuno que agrada a Dios lo encontramos en Isaías 58:6-7 (RVR1960):
6 “¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?
7 ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes metas en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?”
El ayuno del un rey y sacerdote del Reino de los Cielos, es asumir su responsabilidad y operar en consecuencia para lo que fuimos llamados a ser.
* Comunión con Otros Creyentes: La Iglesia es el cuerpo de Cristo, una comunidad de creyentes con autoridad y unidos por el Espíritu Santo. Al participar en la vida de la iglesia, recibimos ánimo, apoyo y aprendizaje, y aprendemos a amar y servir a los demás.
Además de estas disciplinas, la inspiración y la guía del Espíritu Santo son esenciales para el “Cómo” de nuestro propósito. El Espíritu Santo es nuestro Maestro, Consolador y Guía (Juan 14:26), quien nos revela la voluntad de Dios, nos capacita para cumplirla y nos da el poder para superar los obstáculos.
* Gálatas 5:16: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” Este versículo nos anima a vivir bajo la dirección del Espíritu Santo, permitiendo que Él controle nuestros pensamientos, palabras y acciones.
* Romanos 8:14: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.” Ser guiados por el Espíritu Santo es una señal de nuestra filiación divina y una clave para cumplir nuestro propósito.
Perspectiva Divina: La Gracia de Dios como Capacitación
Aunque las disciplinas espirituales son importantes, es crucial recordar que el “Cómo” de nuestro propósito no depende de nuestro propio esfuerzo, sino de la gracia de Dios. La gracia es el favor inmerecido de Dios, el poder que nos capacita para hacer lo que no podríamos hacer por nosotros mismos.
* Efesios 2:8-9: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Este versículo nos recuerda que la salvación, el rescate de la muerte, es un regalo de Dios, no algo que podamos ganar por nuestros propios méritos. De la misma manera, el cumplimiento de nuestro propósito depende de la gracia de Dios, no de nuestra propia habilidad.
* 2 Corintios 12:9: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.” Este versículo nos revela que la gracia de Dios se manifiesta especialmente en nuestra debilidad. Cuando reconocemos nuestra incapacidad, Dios puede obrar a través de nosotros de una manera poderosa.
Construcción de Reyes y Sacerdotes: Servicio y Sacrificio
El “Cómo” de nuestro propósito como reyes y sacerdotes se manifiesta a través del servicio y el sacrificio. En el Reino, reinar es servir (Mateo 20:28). El servicio implica poner las necesidades de los demás por encima de las nuestras, usar nuestros dones y talentos para bendecirles y dar nuestro tiempo y recursos para ayudarles.
• Gálatas 5:13: “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.” Este versículo nos anima a usar nuestra libertad en Cristo para servir a los demás con amor.
El sacrificio implica renunciar a nuestros propios deseos y comodidades para seguir a Cristo y cumplir Su voluntad. Esto puede significar dar nuestro tiempo, dinero, energía o incluso nuestra propia vida para servir a Dios y a los demás. Es por eso y por otras cosas que son pocos los escogidos entre muchos llamados.
• Romanos 12:1: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro verdadero culto.” Este versículo nos desafía a ofrecer nuestras vidas enteras como un sacrificio vivo a Dios, entregando cada área de nuestra existencia a Su señorío.
Conclusión: Caminando en Gracia y Poder
El “Cómo” de nuestro propósito en Cristo es un proceso de crecimiento espiritual, disciplina y dependencia de la gracia de Dios. Implica renovar nuestra mente, buscar la guía del Espíritu Santo y ofrecer nuestras vidas como sacrificio vivo a Dios. Al servir a los demás con amor y renunciar a nuestros propios deseos para seguir a Cristo, podemos convertirnos en los reyes y sacerdotes que Dios nos ha llamado a ser, manifestando Su reino en la tierra. El “Cómo” no es un conjunto de reglas o técnicas, sino un camino de transformación continua que nos lleva a la plenitud de nuestro propósito en Cristo.
Capítulo 4
El Con Qué: Recursos en Cristo
Habiendo explorado el “Qué” (propósito) y el “Cómo” (proceso) en Cristo, nos adentramos ahora en el “Con Qué”: los recursos divinos a nuestra disposición para llevar a cabo el plan de Dios. Estos recursos no se limitan a lo material; abarcan dones espirituales, relaciones, la guía del Espíritu Santo y la provisión inagotable de la gracia de Dios. Reconocer, cultivar y utilizar estos recursos es esencial para cumplir nuestro llamado y manifestar el reino de Dios en la tierra.
Lo bueno y trágico a la vez de todo esto, es que no tenemos excusa delante de Dios, Él nos ha dotado con el qué, el como y el con qué desde el principio, a Cristo, y hemos sido nosotros los que no hemos asumido la responsabilidad que nos corresponde para hacer lo que hay que hacer.
Perspectiva Humana: Dones, Talentos y Relaciones
Desde una perspectiva humana, el “Con Qué” incluye los dones y talentos únicos que Dios nos ha dado. Cada creyente ha sido equipado con habilidades y capacidades especiales para servir a los demás y glorificar a Dios (Romanos 12:6-8)
* Identificación: El primer paso es identificar nuestros dones y talentos. Esto puede requerir auto-evaluación, retroalimentación de otros y experimentación en diferentes áreas de servicio.
* Desarrollo: Una vez identificados, debemos cultivar y desarrollar nuestros dones y talentos a través de la práctica, el aprendizaje y la mentoría.
* Utilización: Finalmente, debemos utilizar nuestros dones y talentos para servir a los demás, edificar el cuerpo de Cristo y cumplir el propósito de Dios.
Además de los dones y talentos individuales, las relaciones son un recurso invaluable para el “Con Qué”. No estamos llamados a vivir nuestra fe en aislamiento, sino en comunidad con otros creyentes. Las relaciones nos brindan apoyo, ánimo, rendición de cuentas y oportunidades para servir y ser servidos.
• Efesios 4:16: “de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” Este versículo destaca la importancia de las relaciones interconectadas en el cuerpo de Cristo, donde cada miembro contribuye al crecimiento y la edificación del todo.
Perspectiva Divina: Provisión y Poder de Dios
Desde una perspectiva divina, el “Con Qué” se basa en la provisión y el poder ilimitados de Dios. Él es la fuente de todos nuestros recursos, y Él promete suplir todo lo que necesitamos para cumplir Su llamado (Filipenses 4:19).
* 2 Timoteo 1:7: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” Este versículo nos recuerda que Dios nos ha dado un espíritu de poder, no de temor, capacitándonos para enfrentar los desafíos con valentía y confianza.
* 2 Pedro 1:3: “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.” Este versículo afirma que Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para vivir una vida piadosa, incluyendo el conocimiento de Él y el poder para obedecerle.
Esta provisión divina no solo incluye recursos materiales, sino también la guía y el poder del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es nuestro Consejero, Consolador y Guía (Juan 14:26), quien nos revela la voluntad de Dios, nos capacita para cumplirla y nos da el poder para superar los obstáculos que tenemos como cuerpo.
Construcción de Reyes y Sacerdotes: Llenando la Tierra y Siendo Familia
Como reyes y sacerdotes, nuestro “Con Qué” se utiliza para llenar la tierra con el conocimiento de Dios y construir la familia de Dios. Esto implica utilizar nuestros recursos para evangelizar, discipular y servir a los demás, manifestando el reino de Dios en cada esfera de la sociedad.
* Mateo 28:19-20: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Este mandamiento nos llama a utilizar nuestros recursos para compartir el evangelio con todas las naciones y hacer discípulos de Cristo.
* 1 Pedro 2:5: “vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.” Este versículo nos describe como piedras vivas que se están construyendo juntas para formar una casa espiritual, un lugar donde podemos ofrecer sacrificios espirituales a Dios, la nueva Jerusalén.
Al utilizar nuestros recursos de esta manera, estamos contribuyendo a la expansión del reino de Dios, como el paraíso restaurado en la tierra, y a la construcción de Su familia.
Conclusión: Viviendo en Abundancia
El “Con Qué” de nuestro propósito en Cristo es abundante e ilimitado. Dios nos ha dado dones, talentos, relaciones, Su provisión, Su autoridad y Su poder para cumplir nuestro llamado y manifestar Su reino en la tierra. Al reconocer, cultivar y utilizar estos recursos sabiamente, podemos vivir en abundancia y experimentar la plenitud de vida que Dios nos ha prometido. El “Con Qué” no es una limitación, sino una invitación a confiar en la provisión inagotable de Dios y a convertirnos en los reyes y sacerdotes que Él nos ha llamado a ser.
Por si fuera poco, todo está garantizado, como buen gerente, Dios se preparó una partida, un fondo financiero que suple toda falta para la consecución del plan. Si hablara palabras del pacto me referiría a la garantía que nos dio Dios para allanar el camino a Cristo, estoy hablando del Espíritu Santo, nuestras arras, nuestro consolador, nuestro mejor compañero en este viaje del qué, del cómo, y del con qué.
El Espíritu Santo, nuestra arma secreta, nuestra arma de luz más poderosa, la que nos encamina a Cristo, No podemos fallar.
Epílogo: Desata tu Audacia Divina
Este no es el final, sino el comienzo de una aventura épica. Las páginas que has recorrido son un mapa, pero el territorio aún está por explorar. Ahora conoces el “Qué”, el “Cómo” y el “Con Qué”. Ahora comprendes que Cristo es el fundamento sobre el cual se construye toda existencia. Pero el conocimiento sin acción es un tesoro enterrado.
Este escrito ha sido una chispa, pero tú eres el fuego. Llevas dentro el poder de transformar tu vida, tu comunidad, y el mundo. No permitas que el miedo te paralice, que la duda te consuma, que la comodidad te encadene.
El camino hacia tu destino no estará exento de obstáculos. Habrá momentos de oscuridad, desafíos que parecerán insuperables, voces que te dirán que te rindas. Pero recuerda: el coraje no es la ausencia de miedo, sino la voluntad de avanzar a pesar de él.
Cristo está contigo. Él es tu roca, tu refugio, tu fuerza. Él te capacitará para superar cualquier adversidad, para derribar cualquier barrera, para alcanzar cualquier sueño.
Así que levántate, sacúdete el polvo, y avanza con audacia. El mundo está esperando tu luz, tu talento, tu pasión que son tu sal. Desata tu audacia divina y conviértete en el rey y sacerdote que has sido llamado a ser. ¡El futuro te pertenece!.
Mt 28:20b: “… y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén».