Ministros institucionalizados

El Señor nos mandó a sojuzgar toda la tierra, no a edificar torres de Babel

     Algunos años atrás, escuché en la empresa en la cual trabajé, que hablaban de algunas personas (mayores, por lo general) que parecían institucionalizadas. Eran personas que por su amplia trayectoria se habían creado una imagen dentro de la organización, y esto revelaba en ellos cierta satisfacción, hasta el punto que, a pesar de que la edad para el retiro ya la habían dejado atrás, había una resistencia a salir de la organización, pues su salida significaría una pérdida de estatus. Todo cuanto estas personas eran, estaba relacionado a la organización en la que hacen vida, incluso la vida familiar. Con pesar, ví personas llegar a su retiro con lágrimas en los ojos y no con alegría, pues salir de la institución representaba para ellos un descenso en su estilo de vida, dónde muchos se postraban y sus días finales no tardaban en llegar.

Lamentablemente, personas en estas condiciones, se dedicaron a hacer una vida puertas adentro de la institución y no a vivir la vida en la tierra en la cual fueron plantados. Todo esto vino a mi memoria por causa de un escrito anónimo que cito a continuación:

Un Alto oficial Militar, pasó a la situación de retiro, ya era pensionado del Estado, y se fue a vivir a un maravilloso departamento nuevo en un Condominio privado. Se consideraba más grande que los demás y nunca hablaba con nadie; incluso, mientras caminaba por el parque todas las noches, ignoraba a sus vecinos mirándolos con altivez. Un día, de alguna manera, sucedió que una persona mayor sentada a su lado inició una conversación y continuaron reuniéndose. Cada conversación fue principalmente un monólogo, con el General insistiendo en su tema favorito: “Nadie puede imaginar el gran puesto y la alta posición que ocupé antes de pasar al retiro. Terminé en esta comunidad por situaciones no planeadas”. Y el otro anciano solía escucharlo en silencio.

Después de muchos días, cuando el General retirado estaba inquisitivo sobre los demás, el anciano oyente abrió la boca y dijo: “Después del retiro todos somos como lámparas usadas y terminamos fundidos. No importa cuál era el voltaje de trabajo, cuánta luz o brillo dabas” He estado viviendo en esta comunidad durante los últimos cinco años y no le he dicho a nadie que fui Secretario Privado del Presidente de la República. Mira a tu derecha, allí está un hombre que se jubiló como Gerente General en una importante empresa; por allá está otro hombre que fue también General como tú, pero con la diferencia que no tuvo un cargo tan importante, y ese otro fue agregado militar en la embajada de Estados Unidos. Esa mujer, sentada en el banco con un vestido blanco impecable, fue profesora en una universidad antes de jubilarse. No se lo ha revelado a nadie, ni siquiera a mí, pero lo sé.

Todas las lámparas, usadas, ahora son iguales, y eso, amigo mío, también se aplica a ti. Tu actual cargo, título o poder que ejerzas, no son permanentes. Mantener muchas emociones por estas cosas, sólo te complica la vida cuando las pierdes algún día. Recuerda que cuando termina el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja. Por lo tanto, disfruta de tus logros y de todo lo que has adquirido hoy, para poder tener un tiempo fabuloso en lo que resta del camino y estar en paz contigo mismo.

Fin de la cita.

Al leer esto, a mis pensamientos venía la forma como llevamos la vida desde una posición ministerial. Llegamos a hacer una imagen en la congregación, en el concilio, la federación, la asociación o en X organización. ¿Pero fuera de la organización, para las personas que nos rodean, familiares o no, qué significamos?.

Al fin y al cabo, el Señor nos mandó a sojuzgar toda la tierra, no a edificar torres de Babel.

Los propósitos de Dios son eternos, las designaciones ministeriales no. La escritura dice que los ministerios están “hasta” que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4).

Si mi influencia, o mi capacidad de afectar el entorno, se limita a una organización, cual sea su magnitud, entonces lo que soy, depende solo de la organización que represento. Brillo dentro de la institución, pero fuera de ella no hago diferencia con la oscuridad.

Vivir, es fructificar, brillando dentro y fuera de los límites organizacionales. ¿De qué sirve ser el que más brilla entre los que brillan, si en los lugares de tinieblas mi luz no brilla?. De eso se trata la vida, hacer crecer y darle valor al entorno en el cual estoy plantado.

Así que, vivamos la vida intensamente, seamos felices en cualquier situación, mantengámonos activos con acciones que trasciendan y apoyémonos mutuamente, manifestando vida. Que seamos conocidos no por la institución que representamos, sino por la calidad humana.

Jesús dijo: Trabajad, no por lo que perece, sino por lo que para vida eterna permanece.

 

 

 

 

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