Busca el agua viva

Si comes de lo temporal, serás temporal. Si comes de lo eterno, serás eterno. Somos lo que comemos.

     Desde el amanecer de la humanidad, el ser humano ha poseído el poder innato de discernir entre el bien y el mal. Pero esta capacidad se ha visto mermada desde que los hombres empezaron a comer de si mismos y no de Dios.

Gn 3:22: “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.”

Si comes de lo temporal, serás temporal. Si comes de lo eterno, serás eterno. Somos lo que comemos.

La siembra es uno de los actos más sabios que podemos hacer. Sin embargo somos poco inteligentes a la hora de sembrar. La causa-efecto es una ley verdadera, es decir, no necesita de voluntad para que se cumpla.

El acto de sembrar es causa, y el acto de cosechar es efecto, parece algo tan trivial, tan obvio, pero no lo es para una mente corrupta. Los seres humanos han demostrado que no saben sembrar, y tampoco saben pedir, hablo en términos generales; cuando una habitación está desordenada es más difícil encontrar algo que cuando está en orden.

Ro 8:26: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”

Sin orden, el fracaso es casi seguro, y aquellos que desafían la norma y logran el éxito, solo lo disfrutarán de manera efímera.

El orden comienza en casa, y el corazón es la casa del hombre, ir contra su diseño es una torpeza. Buscamos incansablemente que nuestros deseos y anhelos se asienten con fuerza en nuestro corazón, convirtiéndolos en nuestros tesoros. Sin embargo, podemos pasar toda una vida en esta búsqueda sin encontrar plenitud. Nada que el hombre atesore fuera de Dios puede llenar perfectamente el asiento de su corazón; siempre habrá vacíos que debilitan esos tesoros. La necedad del hombre es tan grande que se aferra a sus tesoros, aunque no le den plenitud. Si tan solo transformáramos esa necedad en perseverancia para buscar a Dios, todo sería diferente.

La plenitud es un estado que sólo se alcanza cuando comes a Cristo, pues solo en Él encontrarás la verdadera plenitud.

Ef 1:23: “la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo”.

Col 1:19: “por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud”.

¿Cómo sabes que has sembrado bien, aún antes de recibir la cosecha?, cuando obtienes plenitud a cambio. La plenitud es la cosecha adelantada de todo aquel que siembra en Cristo.

Imagina un vasto desierto, árido y sin vida, donde cada paso que das parece llevarte más lejos de cualquier esperanza de agua. En medio de este desierto, hay un pozo profundo y antiguo, lleno de agua pura y cristalina. Este pozo representa la fuente de vida y plenitud que es Cristo.

Muchos viajeros pasan por el desierto, llevando consigo cantimploras llenas de agua en recipientes limitados, que la calientan y le cambian el sabor, que simbolizan los tesoros y deseos en el mundo. Aunque estas cantimploras les proporcionan un alivio temporal, nunca sacian verdaderamente su sed. Algunos viajeros, en su desesperación, ignoran el pozo y continúan bebiendo de sus cantimploras, mientras otros finalmente se acercan al pozo y beben de su agua pura.

Aquellos que beben del pozo encuentran una plenitud y frescura que nunca antes habían experimentado. Sus cuerpos y almas son revitalizados, y descubren que ya no necesitan las aguas contaminadas de sus cantimploras. Este acto de beber del pozo simboliza la entrega de nuestras voluntades a Cristo en la búsqueda de su plenitud.

Como dice Juan 4:14, “pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”.

La clave del cambio en nuestras vidas se deriva de prestar atención en lo que siembras.

Lo que siembras está destinado a morir, a menos que tenga vida en Cristo. Si siembras incorrupción, no cosecharás corrupción. Pero si siembras corrupción, ésta morirá, así que prepárate para cosechar incorrupción al veinte, al setenta, y al ciento por uno. Eso es plenitud.

1Co 15:42-44: “Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. 43 Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. 44 Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.”

En éste último versículo está revelado un misterio que muchos han querido conocer, pero esa es otra discusión. Les bendigo…

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