¡Saludos a todos!,
Hoy vamos a sumergirnos en una reflexión sobre dos conceptos que a menudo se confunden: el deseo y la necesidad, pero que al final son las dos caras de una moneda que se llama acción.
En las Escrituras, encontramos muchas referencias sobre cómo manejar nuestros deseos y necesidades. Por ejemplo, en 1 Pedro 5:7, se nos invita a echar todas nuestras angustias sobre Dios, porque Él se ocupa de nosotros. Esto nos enseña a confiar en que nuestras necesidades verdaderas serán atendidas, liberándonos para seguir nuestros deseos de una manera que honre a Dios.
Pero, ¿qué pasa con los deseos? Bueno, Salmo 37:4 nos anima a deleitarnos en el Señor, y Él nos concederá los deseos de nuestro corazón. Esto no significa que obtendremos todo lo que queramos, sino que alineando nuestros deseos con los de Dios (Justicia), encontraremos una satisfacción más plena y profunda.
Ahora, hablemos de cuando los deseos y las necesidades chocan o se confunden. ¿Alguna vez has sentido un deseo intenso por algo que sabías que no necesitabas?. Como ese último celular con nuevo diseño que está de moda, pero que realmente no mejora tu vida. Aquí es donde Proverbios 14:30 nos da una pista: un corazón tranquilo da vida al cuerpo, pero la envidia corroe los huesos. En otras palabras, mantener nuestros deseos en cheque, aquellos que no edifican, puede llevarnos a una vida más saludable y feliz.
Entonces, ¿cómo equilibramos todo esto?. Mateo 6:33 sigue siendo nuestra guía: busca primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas te serán añadidas. Si ponemos nuestras prioridades en orden, tanto los deseos como las necesidades encontrarán su lugar correcto en nuestras vidas.
Para terminar, recuerda que tener deseos es parte de ser humano, y tener necesidades no es una señal de debilidad. Ambos pueden ser motores poderosos para la acción si los entendemos y los usamos correctamente, éstos son los motores de nuestra naturaleza humana que nos hacen ser hacedores y no oidores solamente. Así que la próxima vez que te enfrentes a un deseo o una necesidad, pregúntate: ¿Esto me acerca a Dios?, ¿esto beneficia a otros?. Si la respuesta es afirmativa, estás en el camino correcto.
¡Gracias por tu atención y que tus acciones siempre reflejen los deseos y necesidades de la justicia de Dios!.