Revelación vs Tradición

La tradición siempre busca anular la revelación

«Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.

Dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada. Respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas. Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.»

Lucas 1:13, 18-20

     ¿Cuántas veces hemos orado por algo al Señor?. O el anhelo de nuestros corazones es conocido por Él, pero no le conocemos en Su accionar, o no entendemos Su respuesta, sencillamente porque lo que Él hace no corresponde con la estructura imperante en nuestra manera de pensar.

Es decir, no le reconocemos, porque su forma de trabajar no está de acuerdo con nuestra religiosidad o con lo que es tradicional para nosotros. Seremos profetas mudos y sin testimonio, si constantemente cuestionamos los caminos del Señor.

¿Por cuántas situaciones pasaron los profetas para ser canales efectivos para el mensaje de Dios?.

Llegarse a una mujer fornicaria o una adúltera, cómo Oseas, comer pan inmundo como Ezequiel, caminar desnudo, no llorar la muerte de un ser querido, privarse de ciertos manjares, andar como locos (para el mundo) y la lista de hechos crecería más y más, solo para entender que Sus caminos son más altos que los nuestros.

«‭‭Cuando a Elisabet se le cumplió el tiempo de su alumbramiento, dio a luz un hijo.

Aconteció que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban con el nombre de su padre, Zacarías; pero respondiendo su madre, dijo: No; se llamará Juan. Le dijeron: ¿Por qué? No hay nadie en tu parentela que se llame con ese nombre. Entonces preguntaron por señas a su padre, cómo le quería llamar. Y pidiendo una tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron. Al momento fue abierta su boca y suelta su lengua, y habló bendiciendo a Dios.»

Lucas 1:57, 59-64

Cuando Dios tiene un plan, invita a los hombres a participar de Sus caminos, no es al contrario. Somos nosotros los que tenemos que ceder, somos nosotros los que tenemos que menguar, pues nuestra rigidez nos puede llevar al quebrantamiento.

«No hay nadie que se llame Juan en tu parentela… No puedes llamarlo así…». Pero ya el Señor lo había revelado, en este breve relato, podemos ver como la tradición siempre busca anular la revelación.

La mayor lucha de Jesús en el tiempo de su visitación, fue contra la tradición. Al ver en los evangelios, sobre todo el de Mateo, encontraremos la punzante frase «oísteis que fue dicho…. pero yo os digo» O tal vez esta otra: «los ancianos dijeron… pero yo les digo«.

¿Cómo es esto?, ¿este hombre viene a decir que estamos interpretando mal?, ¿este hombre viene a refutar nuestra tradición?, ¿quién se cree él que es?, obviamente no le conocían. Pues aunque para muchos se reveló como el Mesías esperado, como el Cristo; para los religiosos, Jesús no significaba nada, pues la forma como llegó al mundo, la forma como apareció no era acorde con lo descrito en la creencia tradicional que ellos manejaban.

Es por esto que Jesús les tuvo que advertir: ‭»¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?» (Mateo 15:3).

Todo lo que Dios revela al hombre para que éste lo viva, le da gloria a Él (Lucas 1:64; Juan 1:14; Mateo 16:17; Juan 17:4). Cuantas veces oramos por revelación, pero la desechamos porque no encaja con nuestra tradición. Cuantas veces le pedimos que haga Su voluntad, pero no entendemos, pues hay muchas tinieblas en nuestros ojos. O sencillamente, queremos verle, pero no le conocemos, pues el canal que usó para revelarse, para nosotros y según nuestra estructura, no es digno (como le sucedió a Balaam con el asna). Me temo que si Jesús se nos revelara hoy, quizá levantaríamos un consejo en Su contra, esto debido a que chocaría con muchas de nuestras estructuras y tradiciones.

Pablo el apóstol, nos habla de un evangelio que no lo recibió de hombre alguno, sino que fue por revelación (Gálatas 1:11,12). La evidencia del mensaje está en el fruto que da. Juan (el Bautista), de quién Jesús dió testimonio y dijo: «es más que un profeta», cuestionó a Jesús y mandó a preguntar si era Él el que había de venir o había que esperar a otro; la respuesta de Jesús fue: testifiquen de los frutos, los ciegos ven, los sordos oyen, el Reino de los Cielos está aquí.

 

 

 

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