David y Bikila

Es grato conocer a un David moderno...

Era el año 1960, juegos Olímpicos de Roma, Italia se vestía de gala para recibir a todos los atletas del globo, entre los cuales llegó Bikila.

Bikila llega en sustitución de un corredor de larga distancia que se lesionó a última hora, es decir, Bikila no era contado entre los mejores deportistas de las carreras de fondo de su país.

Grandes nombres de atletas reconocidos a nivel mundial con los máximos adelantos en el calzado de la época, con el seguimiento de preparadores físicos dedicados a ellos, sobraban en esta justa olímpica tan importante. Bikila era solo un soldado del ejercito Etíope que perseguía animales en la selva africana, tenía un número en su pecho, uniforme con los colores de su país y unos calzados nuevos que compró para la competencia, los cuales le ocasionaron ampollas días previos a la competición, ya que no estaba acostumbrado a utilizarlos.

El día llegó y Bikila sale de la línea de partida “descalzo”, dispuesto a correr 42km en las duras carreteras de Roma. Luego de 2hrs y 15 min cruzó la meta, y lo hizo ganando el primer lugar.

Bikila sirvió a su país dándole la medalla de oro en la maratón y lo hizo descalzo. El don nadie llegó y estremeció los noticieros del mundo cuando se dio a conocer que Bikila ganó descalzo.

Cuando pienso en Bikila solo puedo recordar a ese David que llegó ante el rey Saúl, dispuesto a enfrentar a un gigante filisteo sin ser un guerrero, no fue reconocido por sus hermanos que lo tomaban en poco, así como Bikila que no pertenecía al grupo élite de corredores de fondo de su país. David no fue a pelear por el Rey, tampoco por sus hermanos, o por la mano de la hija del rey, tampoco por el pueblo de Israel y tampoco fue por él mismo. David fue a pelear por su Dios, el verdadero y único Rey. Saúl le dio armadura y una espada a la que no estaba acostumbrado, igual que Bikila con su calzado nuevo.

David enfrentó al gigante con su honda y Bikila enfrentó al mundo con sus pies desnudos, cada uno uso lo que tenía y conocía, cada uno fue genuino; David sirvió a su Dios y Bikila a su nación.

Muchas veces queremos llenarnos de “unción”, conocer mucho más la palabra, llenarnos de los dones del Espíritu o simplemente mostrar lo mejor de nosotros para servir en la obra teniendo enfoques usualmente incorrectos.

A Jehová se le sirve con el corazón , los rudimentos del servidor cambiarán según la circunstancia, a veces será una vara, una quijada de burro, una honda, lodo mezclado con saliva o simplemente pies descalzos, lo que si es común a todos los servidores verdaderos, es que lo hacen con todo el corazón.

Cuando pienses en David, no veas al gran rey, cuando pienses en Bikila no veas al famoso corredor de maratón, cuando pienses en David, piensa en el sencillo pero obediente pastor de ovejas, y cuando pienses en Bikila, piensa en el soldado desconocido que corría en la selva. Cuando pienses en ti, no pienses en las cosas que tienes o en las cosas que no tienes y recuerda las palabras de Pablo cuando dijo por el Espíritu en 2Co 12:9: «… bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.»

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