Cuando una célula ha acumulado un número de mutaciones elevado, deja de cumplir su función natural dentro del cuerpo. Éstas células son más propensas a sufrir una división celular descontrolada y gran porcentaje de cánceres viene provocado por este tipo de células.
Los comportamientos anormales demostrados por las células cancerosas son el resultado de una serie de mutaciones en genes reguladores claves.
Estas mutaciones se deben a que los genes que se encargan de regular la célula pierden su función.
Mi intención no es dar clase de medicina, no soy médico. Busco mostrar la relación que hay en la vida de una persona que no está cumpliendo su función y que vive sin orden.
No cumplir lo que fuimos llamado a hacer y vivir desordenadamente, nos lleva a generar la tormenta perfecta que se manifiesta en enfermedades que son alertas del mal estilo de vida que llevamos.
Son muchas las causas de las enfermedades que se salen de nuestro control, a pesar de ello podemos tener control de muchas otras causas que las originan, entonces no sigamos haciendo equipo con lo que nos hace daño, ataquemos las causas que si controlamos como ciudadanos del reino.
Un cuerpo puede entonces atentar contra sí mismo cuando está en desorden y no funciona con el propósito correcto. La iglesia es un cuerpo que está sujeto a estas mismas reglas, si tenemos células (miembros) que no están entendiendo el mensaje y no se están alineando al propósito divino, entonces vamos a tener un cuerpo enquistado y propenso a desarrollar tumores.
Las iglesias están sufriendo enfermedad, estamos siendo bombardeados desde dentro y fuera. ¿Quién dijo que sería fácil?, y además tenemos la verdad de nuestro lado, a Jesús, el que venció las enfermedades y nos dió la victoria hiriendo en la cabeza a satanás, tenemos al Espíritu Santo y su poder que no se separa de nosotros, y tenemos al Padre, fiel a su palabra y sus pactos.
El mensaje debe ser claro, confrontar la mentira con la verdad es clave, llamar las cosas por su nombre verdadero y construir una relación fuerte e íntima con Dios, nos centrará en nuestra función como parte del cuerpo y mantendrá nuestras vidas en el orden divino.
Como Ministros somos responsables de la porción de cuerpo de Cristo que se nos ha asignado, hagamos el trabajo que fuimos llamado a hacer y con orden.